La columna de Mattias Meragelman | 25 de NOVIEMBRE de 2017 | 20:11

Mauricio

Según las encuestas que el propio Gobierno provincial maneja, el presidente de la Nación es el político con mayor imagen positiva en La Rioja. Mientras el peronismo sigue desorientado.

Pocos días después de las elecciones legislativas de octubre pasado, a los principales despachos de la Casa de Gobierno de La Rioja llegó la encuesta que bimestralmente realiza el oficialismo para medir el humor social y la imagen de los dirigentes políticos más significativos de la Provincia y el país.

El estudio- que toma unos 600 casos de manera cuantitativa y cualitativa- tuvo como eje la ciudad Capital y determinó que el 60% de los capitalinos aprueba la gestión del presidente de la Nación, Mauricio Macri. Para ser más precisos, el 52% la califica de buena y el 8% de muy buena.

El otro dato interesante es que se trata de la cifra más alta de aprobación de la gestión presidencial desde marzo del año 2016. Nunca las mediciones del Gobierno provincial habían mostrado a la sociedad capitalina tan macrista como en este noviembre que está cerca de terminar.

Es cierto que esta encuesta se realizó pocos días después del amplio triunfo de “Cambiemos” en los comicios de medio término, con lo cual existe un cierto empuje provocado por el fenómeno de “apoyar al ganador” que se suscita siempre que alguien triunfa en una elección, pero no se puede pasar por alto que la gestión nacional es apoyada por 6 de cada 10 capitalinos.

El próximo 10 de diciembre se cumplirán dos años del arribo de la ola amarilla a la Casa Rosada y los indicadores económicos en La Rioja son negativos en todos los aspectos que se puedan medir (con la excepción de la venta de autos y motos).

En la Provincia subió el desempleo, la inflación superó ampliamente los incrementos en los salarios de los empleados públicos con la consecuente pérdida de poder adquisitivo, las tarifas de los servicios públicos se incrementaron de manera significativa, hay menos empleo en el sector privado que hace dos años, no se construyó ni un hospital, solamente se terminaron las casas que se habían iniciado durante el kirchnerismo y el propio Macri dijo públicamente que quiere salarios estatales más bajos en relación a los privados.

Sin embargo, el macrismo no se ve afectado en el imaginario social riojano por ninguna de las consecuencias del modelo económico que lleva adelante.

Quizás parte de la respuesta esté en las declaraciones que esta semana la senadora nacional peronista, Hilda Aguirre de Soria, realizó en Radio Fénix. “Nosotros en La Rioja nos olvidamos de militar todos los días, cómo puede ser que en la zona Sur que entregamos tantas viviendas no nos voten”.

Es significativo el planteo de la legisladora nacional, porque lo que dice lo piensan muchos dirigentes del oficialismo, que no entienden cómo se rompió el vínculo entre el PJ y una parte de la comunidad riojana.

La zona Sur de la ciudad se construyó durante los últimos 15 años de gobiernos peronistas, con viviendas sociales que pagan cuotas bajísimas y con unidades habitacionales de “clase media” -como el barrio Néstor Kirchner- que tiene tarifas hoy imposibles de ver en ningún crédito. Sin embargo, algunos vecinos ya comenzaron una campaña para cambiarle el nombre al barrio Kirchner y en esa zona de la ciudad el oficialismo lleva derrota tras derrota.

La clave está en pensar qué demanda la sociedad y qué respuestas le da el peronismo. La gestión del presidente alcanza al 60 % de aprobación en el mismo territorio donde el Justicialismo supo llegar al 60 % de votos en algunas elecciones, entonces no son todos méritos de Macri, también hay muchos errores del propio oficialismo provincial.

En la semana que pasó el vicegobernador Néstor Bosetti volvió a denunciar que la modificación del reglamento interno de la Cámara de Diputados “es ilegal e inconstitucional” y que no volverá a presidir las sesiones hasta que ello no se modifique. La interna del peronismo llevándose por delante las instituciones es uno de los principales combustibles del motor macrista en La Rioja.

En este sentido, es interesante que en una parte del contacto con la prensa Bosetti llegó a decir: “No me interesa seguir bajo esta forma, hasta que no estén las garantías no voy a presidir las sesiones”.

No solamente es fuerte la afirmación del Vicegobernador, sino que además pasó totalmente desapercibida. Un poco porque ya se naturalizó el conflicto dentro del PJ y otro poco porque el peso político del propio Bosetti se fue horadando en cada una de las etapas de su pelea con los legisladores.

Mientras tanto, el ministro de Infraestructura, Juan Velárdez, confirmó que la modificación que el Gobierno nacional llevará adelante sobre el cuadro tarifario de energía determinará que el costo energético suba un 55% en los hogares riojanos. Esa cifra será de aplicación directa porque esta vez no habrá subsidio del Gobierno provincial.

Sin embargo, como el Gobierno provincial nunca pudo explicar por qué los riojanos pagamos una tarifa altísima en comparación con el resto de las distribuidoras del país hasta diciembre de 2015 y cuál fue el rol del EUCOP durante todos los años que la concesión estuvo privatizada, es probable que el usuario no se enoje con la Casa Rosada y este nuevo tarifazo, sino que el malestar apunte nuevamente hacia la Casa de las Tejas provincial.

También hay méritos de “Cambiemos” y están vinculados especialmente con la forma de hacer política. Hace un par de semanas José Natanson analizó en el diario Página/12 el fenómeno del macrismo y su contraposición con los partidos de masas del siglo XX.

“El macrismo ha logrado expresar también ciertas marcas de la época. Sus apelaciones a los valores pos-materiales, aquellos que van más allá de las necesidades cotidianas de supervivencia, resultan seductoras para las clases medias acomodadas en un contexto de hipersegmentación social, en donde los sectores más privilegiados llevan una vida más parecida a la de sus pares sociales de Nueva York o París que a los sufridos compatriotas”, analizó el periodista.

“Más pendiente de la época que de la épica, el oficialismo defiende una visión anti-heroica de los asuntos públicos, una reivindicación de la normalidad cuya gran escenificación es el timbreo. Concebido como un contacto directo entre el funcionario y las personas, el timbreo es espontáneo, informal, casi diríamos puro, en contraste con la forma favorita del populismo: el acto de masas y toda su parafernalia de organización, traslado, protocolo de oradores y largas negociaciones previas por los lugares en el palco. Decisivamente, el timbreo permite desplazar el eje del ciudadano al vecino. Aunque quien pulse el timbre sea un funcionario nacional, incluso un ministro, la gobernadora o el mismísimo presidente, la política se hace, en un pase de manos mágico, local: el mensaje es que son los problemas inmediatos y cotidianos los que realmente importan, los que el político, como muestran las fotos que luego circulan por los medios, se acerca a escuchar”, precisó.

Esta descripción que hace el periodista que visitó La Rioja en el marco de la feria del Libro del año 2016, es oportuna para pensar las imágenes que dejó la visita presidencial de la semana que termina, especialmente su recorrido por Sañogasta y el contacto que mantuvo con los docentes de la zona.

Entre los errores del propio peronismo y las virtudes que Natanson ve en el macrismo como primer partido del siglo XXI, llegamos a este 60% de imagen positiva de la gestión presidencial.

La sociedad macrista quizás sea una fase superior de la crisis de representación y la falta de legitimidad de nuestra clase dirigente, pareciera que los riojanos son macristas en parte por su enojo con el peronismo y gritan “sí se puede” como una forma de catarsis contra el objeto de su enojo.  

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