La columna de Mattias Meragelman | 27 de DICIEMBRE de 2017 | 06:12

El año de las relaciones tortuosas

La Provincia y el municipio, el Concejo Deliberante y el Ejecutivo comunal y los diputados con el Vicegobernador, son todos ejemplos de un año en el cual la dinámica de la confrontación se impuso por encima del diálogo.

Indudablemente que el año 2017 no quedará en los manuales de historia como un tiempo de paz y concertación en la política riojana, sino que fue un espacio de confrontación, constantes histeriqueos y una pérdida de calidad institucional permanente.

Según el diccionario, el adjetivo tortuoso se puede definir como algo que “tiene recodos, curvas y ondulaciones irregulares y en distintos sentidos” y una segunda acepción dice que “es algo poco claro y que pretende ocultar la verdadera intención o propósito de sus acciones, objetivos o manifestaciones”.

Ambas definiciones se pueden aplicar a la política riojana de este 2017 que comienza a terminar.

La relación entre la Provincia y el municipio fue compleja de principio a fin, con amagues de reconciliación que nunca llegaron a concretarse y con una capacidad para generar nuevas instancias de enfrentamiento interminable.

La pelea financiera fue permanente, quizás con los puntos más altos en la retención de los ATN que la Nación le envió a la comuna, el conflicto mensual por el financiamiento de los Programas de Empleo Municipal (PEM) y las presiones que el bederismo ejerció sobre el Gobierno municipal desde el Concejo Deliberante.

A esta altura es claro que el paredismo es presa de las mismas estrategias que el bederismo le aplicó al quintelismo, con la diferencia de que esta vez le toca gobernar la ciudad. Mientras que el casismo terminó siendo un calco de su antecesor en el proceso de presión financiera/institucional sobre la díscola gestión municipal.

En este sentido, escribir este comentario político hoy o hace diez años es lo mismo, la única diferencia es el lugar del ring side que ocupan los protagonistas del enfrentamiento. Todos usan las mismas prácticas y hasta las mismas palabras, lo distinto es donde están ubicados.     

De la mano de esa pelea vino la del Concejo Deliberante de la Capital.

El cuerpo deliberativo fue la caja de resonancia permanente de la interna peronista y los concejales quedaron atrapados en las órdenes políticas de sus jefes, situación que los expuso a incoherencias permanentes. 

Los ediles de Fuerza Cívica Riojana hoy son parte de una alianza con el paredismo, la misma gestión que en su momento denunciaron por mala administración y hasta por supuestamente otorgar obras públicas a familiares de funcionarios.

Los concejales bederistas llegaron de la mano del paredismo y hasta impulsaron ordenanzas (como la Tasa de Rodados) que hoy derogan. Ni hablar del quintelismo, que en esta etapa cuestiona los mismos mecanismos de financiamiento que impulsó durante sus doce años de Gobierno.

Sin dudas el punto más alto de la tortuosa relación entre la Provincia y el municipio hayan sido los casi dos meses sin sesionar del Concejo Deliberante detrás de la pelea sobre quién debía ocupar los cargos administrativos dentro del cuerpo.

Los concejales nunca pudieron salir de la lógica de la confrontación intestina del propio peronismo, entonces no fue un año de sancionar ordenanzas para mejorar la vida de los ciudadanos, sino que 2017 fue solamente un tiempo más de la expresión institucional de una feroz pelea interna.

 


2018 comenzará con la ilusión de todo año nuevo, pero marcado por las cicatrices de un 2017 lleno de incoherencias y enfrentamientos.  


 

En la Legislatura la cosa no fue mucho mejor. El vicegobernador Néstor Bosetti y el bloque de diputados oficialistas protagonizaron un nuevo espacio de confrontación y acusaciones.

En este caso la excusa fue el manejo de la caja de los recursos del cuerpo y la modificación del Reglamento interno de la Cámara de Diputados, conflicto que derivó en graves denuncias de ambos espacios.

A pesar de todo lo que se dijo mediáticamente, por el momento el tema no tuvo un correlato judicial. En este sentido, se debe marcar esta constante de las peleas políticas en la Provincia: los protagonistas realizan numerosas denuncias que nunca se aclaran y que solamente sirven para horadar aún más la credibilidad de nuestra clase dirigente.   

La frutilla del postre en el ámbito legislativo fue la no asunción del diputado provincial electo por la Capital, Felipe Álvarez.

El cuerpo de Diputados rechazó su pliego argumentando que no había rendido cuentas ante el Tribunal de Cuentas de la Provincia en su paso por la viceintendencia, Álvarez dijo que si había presentado toda la documentación ante el Tribunal de Cuentas Municipal y denunció una “mafia” que le impedía asumir y cuya conducción atribuyó al diputado nacional Luis Beder Herrera.

Un diputado provincial electo que no puede asumir a pesar de no tener sentencia judicial de ningún tipo en los hechos que se le imputan, es de una gravedad institucional pocas veces vista. Más allá de Felipe Álvarez, el antecedente es muy peligroso porque desvirtúa el funcionamiento del sistema democrático riojano.

2017 también fue el año de las elecciones legislativas. Y en ese marco, los riojanos fuimos a las urnas tres veces con tres resultados diferentes.   

El 4 de junio se eligieron diputados provinciales y el triunfo del oficialismo fue amplio, imponiéndose en todo el territorio provincial. En ese punto, el segundo puesto del paredismo en la Capital dejó un dato que nadie pasó por alto pensando en próximas elecciones.

Mientras que en las PASO –tragicomedia de la postulación de Carlos Menem mediante- el oficialismo volvió a ganar y esta vez por ocho puntos, aunque la derrota en la Capital había marcado que algo no andaba del todo bien.

En octubre llegó la sorpresa, porque Julio Martínez logró una victoria tan amplia en la Capital que la victoria del peronismo en el interior no alcanzó y el cimbronazo político de poder ingresar un solo senador nacional oficialista se sintió.

La derrota del peronismo tuvo un efecto inmediato (la derrota) y otro a largo plazo, porque perder en octubre los dejó sin candidatos indiscutibles para 2019. Hoy el oficialismo no tiene un postulante instalado públicamente para pelear la gobernación en dos años.

Esa indefinición podría ser un estimulante de la vida interna de otros espacios políticos, pero no en el peronismo, que necesita líderes y conductores determinados antes de cualquier batalla política. Es por ello que en los próximos doce meses las confrontaciones dentro del propio PJ se profundizarán de la mano de decidir quién será quién en 2019.

En la oposición celebraron el resultado de los comicios, pero ahora tienen el problema de que además del senador nacional Julio Martínez, el intendente de la Capital, Alberto Paredes Urquiza, también reclama por su aporte y tiene aspiraciones de pelear el poder provincial en dos años.

Según como maneje ese conflicto “Cambiemos” La Rioja, se terminarán decidiendo sus reales chances de pelear el Gobierno.

2017 cierra con un peronismo desorientado, con la incapacidad de poder conectar con aquellos sectores sociales que son perjudicados por el ajuste del Gobierno nacional pero que no ven en el PJ la respuesta a esa política económica.

El paredismo sufre las consecuencias de las mismas prácticas de las cuales fueron parte durante muchos años y que hoy aseguran no aceptar más. La clave para los años que se vienen estará en si pueden convencer a la sociedad de que es sincero su arrepentimiento.

La oposición sigue navegando en sus contradicciones. Apoyan al paredismo después de un año y medio de denuncias contra su gestión, son parte de un Gobierno nacional que aplica un ajuste con los jubilados como protagonistas y que además impulsa la minería que ellos mismos rechazan.

2018 comenzará con la ilusión de todo año nuevo, pero marcado por las cicatrices de un 2017 lleno de incoherencias y enfrentamientos.  

andina
sidiunlar