La columna de Mattias Meragelman | 31 de MARZO de 2018 | 20:03

Operativo clamor vs. Operativo miedo

La figura del diputado nacional Luis Beder Herrera divide las aguas dentro del oficialismo de cara a lo que se viene. Mientras el tema minero vuelve a instalarse con fuerza en el escenario provincial.

Un diagnóstico acertado es siempre el paso previo a tomar una decisión correcta. Si la descripción de la realidad que se realiza no es la adecuada, los pasos que se tomen a posteriori tendrán pocas posibilidades de ser los apropiados.

La principal discusión dentro del peronismo riojano pasa por el diagnóstico, por terminar de entender cómo perdieron varias elecciones en los últimos años y cuán real es la chance de que en 2019 ese proceso electoral se repita. En ese marco, hay optimistas y pesimistas.

Los optimistas creen que el Gobierno nacional no solucionó el problema que más preocupa a la población: la inflación.

En ese sentido, analizan que el tema económico sigue estando a la cabeza de la agenda social (así lo marcan las encuestas que maneja el Gobierno provincial) y que el paso errante del macrismo en la gestión económica devolverá al peronismo al centro de la escena política en los próximos meses.

Ese sector de la dirigencia analiza que más temprano que tarde la sociedad “correrá” a los brazos del Justicialismo para que solucione el problema que inflación más endeudamiento genera en la economía argentina.

En lo político, repiten como un mantra dos ideas: las elecciones del año que viene son para cargos Ejecutivos -y allí el votante es más cauto que en las legislativas- y el segundo elemento que mencionan es que 14 intendentes están en condiciones de reelegirse, remarcando que el efecto traccionamiento de votos será muy importante desde el interior hacia la fórmula gubernamental del peronismo.

Por el otro lado están los pesimistas. Ese sector interpreta que el desgaste del peronismo es todavía muy alto, y aunque reconocen que el modelo económico nacional no está funcionando, no creen que la sociedad ya se haya reconciliado con el Justicialismo.

Marcan que las encuestas siguen mostrando un alto rechazo al oficialismo provincial, especialmente centrado en la figura del ex gobernador y actual diputado nacional Luis Beder Herrera. Ese fenómeno es todavía más intenso en las redes sociales.

Esta ala del Justicialismo es la que impulsa la necesidad de cambiar las formas y de copiar la estrategia comunicacional de “Cambiemos”, intentando presentar un peronismo renovado ante los ojos del electorado provincial en los próximos comicios. Esos dirigentes son los que repiten: “Estamos muy cerca de perderlo todo, si no cambiamos en 2019 nos gana la oposición”.

Es entre optimistas y pesimistas donde aparece la disyuntiva: “operativo clamor” frente al “operativo miedo”.

En las últimas semanas algunos diputados, funcionarios y hasta intendentes propusieron a Luis Beder Herrera como el próximo candidato a gobernador del espacio.

Más allá de lo que afirman en público, en privado marcan al ex mandatario como el único que podría garantizar la unidad del peronismo, el encolumnamiento de la dirigencia detrás de su figura y un discurso claramente enfrentado con “Cambiemos”.

El razonamiento político de este sector es que el desgaste del Gobierno nacional, sumado al apoyo del aparato político del peronismo, pondría a Beder Herrera a las puertas de su tercer mandato.

¿Qué dice el ex Gobernador de este operativo? Por ahora nada, a pesar de que muchas veces dijo que no sería candidato en 2019, juega al silencio y deja correr a unos y otros.

Los pesimistas hablan del “efecto miedo” y del “factor rechazo”.

“Si nosotros llevamos a Beder como candidato provocamos que los votantes que venimos perdiendo, especialmente en la Capital, crezcan. Tenemos que buscar un candidato que marque una nueva etapa dentro del peronismo, que nos permita dar un mensaje nuevo”, describen.  

Ese sector no tiene por el momento un referente claro ni un candidato instalado.

Sin embargo, en las últimas semanas son constantes los contactos entre dirigentes que semanas atrás se miraban con mucho recelo. Los une una misma preocupación: ellos creen que hay un chance cierta de perder el poder dentro de un año y se ilusionan con una interna que instale un postulante. 

Inclusive, algún dirigente hasta se atrevió a marcar el número de teléfono del Palacio municipal Juan Ramírez de Velasco y preguntar qué pensaban en el paredismo de este proceso político.  Del otro lado hubo varias evasivas y un solo mensaje claro: “No vemos gestos concretos de que se estén distanciando del bederismo”.

Y es allí donde aparece en escena la figura central que determinará el futuro de esta historia: el gobernador Sergio Casas.

En los dos primeros años de gestión el mandatario provincial se manejó bajo la sombra política de su antecesor, pero en la Casa de las Tejas se ilusionan con dos gestos de las últimas horas: la reunión en la cual el Gobernador “le marcó la cancha” al funcionarato con respecto a las candidaturas y como se logró desarticular el encuentro político que el bederismo pensaba concretar en Patquía semanas atrás.

Hay versiones de todo tipo sobre el futuro de los principales referentes del gabinete provincial y es allí donde se deberá leer el devenir de esta historia. Los cambios o las continuidades que el Gobernador determine sobre sus colaboradores será el mensaje más claro sobre quiénes se están imponiendo en esta puja interna.

En este caso las palabras del General se podrían adecuar y decir que la única verdad será la realidad.

 


El conflicto minero nunca se terminó, solamente se tomó un descanso.


 

El Famatina no se toca, pero se mira con cariño
En un par de semanas quedó claro que el tema minero volvió a instalarse en la agenda provincial y con mucha fuerza.

En pocas horas la empresa Seargen S.A se presentó públicamente, anunció su intención de concretar desarrollos de prospección minera en el interior provincial y planteó nuevamente la tan mentada licencia social, haciendo referencia a encuestas que supuestamente marcarían un cambio de humor social con respecto al tema.  

La respuesta ambientalista no se hizo esperar y las calles de Chilecito volvieron a ser escenario de una nueva movilización, que en este caso incluyó colocar fajas de clausura simbólicas a la sede de la empresa.

Sin embargo, el conflicto no terminó allí, porque Seargen denunció ante los medios de comunicación que “se bloqueó la entrada y salida de la empresa” y al mismo tiempo adelantó que realizará una presentación judicial por este hecho (que incluiría en la denuncia a la parlamentaria del Mercosur Marcela Crabbe).

El conflicto minero nunca se terminó, solamente se había tomado un descanso.

Está claro que el Gobierno nacional es pro minero. Lo dicen sus funcionarios en cada una de las declaraciones que realizan y lo ratifican en cada acción de la gestión macrista.

En el Gobierno provincial juegan a hacerse los distraídos. Los funcionarios de más peso de la gestión de Sergio Casas reconocen que siguen apostando al desarrollo minero, pero que no están dispuestos a pagar el costo político. “Que vengan los representantes de Cambiemos en La Rioja a explicarle a la gente la idea de Macri sobre la minería”, ironizan.

Y ahí es donde la contradicción de “Fuerza Cívica Riojana” se hace más evidente, porque siguen levantando la bandera de la lucha contra la minería, al mismo tiempo que sus socios de “Cambiemos” en La Rioja promueven esa industria y son parte de un Gobierno nacional que fue más lejos que el kirchnerismo en el tema minero al eliminar las retenciones al sector. La propia Crabbe reclamó que no haya “tibiezas”.

El debate minero ya no le queda cómodo a nadie en el escenario político provincial. A “Fuerza Cívica” por sus incoherencias y al oficialismo provincial porque no quiere pagar más costos políticos.

La minería volvió nuevamente a instalarse en la agenda. Es una piedra en el zapato para varios.  

andina
sidiunlar