La columna de Mattias Meragelman | 07 de ABRIL de 2018 | 18:04

Síntomas de fiebre amarilla

La foto del vicegobernador Bosetti con los referentes nacionales y provinciales de “Cambiemos” marcó el tiempo político de la semana. Lo que se viene en la Cámara de Diputados y el miedo al efecto contagio.

Hay ciertos hechos que uno sabe van a ocurrir tarde o temprano, pero esa inevitabilidad no implica que cuando suceden no generen reacciones. El alejamiento del vicegobernador Néstor Bosetti del oficialismo era un suceso anunciado y previsible, pero la imagen conocida el miércoles pasado impactó. 

Bosetti compartió una foto junto al Ministro del Interior Rogelio Frigerio, el senador nacional Julio Martínez y el intendente de la Capital, Alberto Paredes Urquiza. Una imagen que respetó todos los estereotipos del Pro en materia comunicacional y que al mismo tiempo “Cambiemos La Rioja” y el paredismo se encargaron de difundir ampliamente a nivel provincial.

El vicegobernador ya había roto políticamente con el oficialismo cuando comprendió que su pelea con el bloque de diputados peronistas estaba perdida, y allí comenzó a profundizar sus contactos con los principales dirigentes de “Fuerza Cívica Riojana” y reconstruyó su relación con el intendente de la Capital.

Bosetti cree que Casas nunca terminó de respaldarlo, y aunque reconoce las limitaciones políticas que tiene el Gobernador dentro del bederismo, esperó en vano durante largos meses gestos que lo contuvieran ante los ataques de los legisladores justicialistas y la pérdida del control político e institucional que sufrió en la Cámara.

En ese marco se debe entender la foto, Bosetti cree que su carrera política no está terminada ni mucho menos, y trabajará en 2019 para conformar un espacio político que tenga como principal paradigma enfrentar al bederismo.

En la construcción política que se viene el vicegobernador intentará ser lo más prolijo que pueda en lo institucional, evitando cualquier acción que se pueda llegar a tomar como un intento de desestabilización a Sergio Casas. En la Legislatura dicen que Bosetti no criticará públicamente al Gobernador y centrará su discurso en lo que denomina la vieja política.

Será en ese contexto en el cual presentará en las próximas semanas la denuncia contra la diputada por Famatina Adriana Olima por usurpación de cargo, acusándola de haberse atribuido funciones que no le corresponden como vicepresidenta primera del cuerpo.

Del otro lado las cosas se ven de manera diferente.

En la Cámara todavía no está claro cuál será la respuesta del bloque oficialista ante el alejamiento de Bosetti. A pesar de las múltiples versiones que surgieron en las últimas horas, todavía no existe una decisión tomada sobre si habrá o no un embate directo contra el cargo del vicegobernador.

Es un hecho que la Casa de las Leyes será escenario en los próximos meses de varios cruces fuertes. Un legislador de varios años en el cuerpo lo sintetizaba días atrás con claridad: “Se van a tirar con todo, de un lado y del otro”. Ese escenario es el más probable para lo que se viene, habrá denuncias policromáticas.

Sin embargo, son varios los diputados que entienden que atacar al vicegobernador es victimizarlo y fortalecerlo ante los sectores sociales que hoy están enojados con el peronismo. Un ejemplo claro de ese proceso es el de Felipe Álvarez, de quien hoy casi nadie recuerda su paso como ministro de Gobierno del bederismo y se lo tiene ubicado como un férreo rival del ex gobernador.  

Hay que ver cuál intención se impone dentro del cuerpo y ello marcará la agenda legislativa de los próximos meses.

Esta etapa de la interna oficialista tendrá un elemento nuevo: el Ejecutivo no hará nada por contener a los legisladores provinciales.

Aunque el bosettismo cree que la Casa de Gobierno jugó al silencio en este último año, en el Ejecutivo destacan que ellos fueron el dique de contención de varios intentos de desestabilización del bloque oficialista.

“La foto cayó muy mal por el momento y porque nos pareció innecesaria. Ahora se deberá defender solo, nosotros no vamos a hacer nada por parar a nadie”, dicen en el entorno de Casas sobre el futuro de Bosetti.

 


"Cambiemos La Rioja” no tiene hoy los pruritos ideológicos que tuvo en el pasado. Mientras el peronismo busca comenzar a construir el proyecto político que se viene y evitar nuevas deserciones. 


 

Construcción opositora
El paredismo y “Cambiemos” creen que la llegada de Bosetti es más simbólica y mediática que electoral.

El vicegobernador no obtuvo buenos resultados electorales cada vez que se presentó solo, pero su salto a la oposición marca un fuerte impacto porque se trata de la segunda persona en la línea sucesoria gubernamental y porque abre el libro de pases del sistema político.

“Que Bosetti haya pegado el salto puede ser una señal para varios intendentes con los cuales venimos hablando desde hace tiempo. Es un gesto que marca que si se pueden ir del PJ y construir con nosotros”, remarcan en la oposición.

Julio Martínez y Alberto Paredes Urquiza se ilusionan con una “ambulancia política” que vaya levantando todos los heridos que el oficialismo va dejando, construyendo un frente opositor unido bajo la consigna de enfrentar al bederismo con el respaldo de la Nación y en el cual Bosetti (en su rol de empresario de medios de comunicación) también garantiza un aparato mediático con llegada a todo el territorio provincial.

En ese esquema político la función de Paredes Urquiza sería la de ser la pata peronista del espacio, intentando gestar nuevas incorporaciones de otros militantes del peronismo enojados con la conducción oficial. 

El primer objetivo de este nuevo espacio -y fue el motivo central de la charla con el ministro del Interior Rogelio Frigerio- es que la Provincia modifique el sistema electoral. Para ello habrá presiones desde Nación hacia el Gobierno riojano, tratando de forzar cambios que impidan las ventajas que el actual mecanismo genera para quien cuenta con el aparato estatal.

Incoherencias
Todo este proceso político pone en evidencia las incoherencias que unos y otros presentan a lo largo del tiempo.

La principal denuncia judicial que la oposición riojana realizó en los últimos años fue la de las ONG. En esa acción judicial involucraron a Laura Alonso con la Oficina Anticorrupción, lograron 73 citaciones a Tribunales, denunciaron manejos poco transparentes por más de 500 millones de pesos e involucraron directamente a varios funcionarios del oficialismo. Dos de esos apuntados fueron el actual intendente Alberto Paredes Urquiza (entonces Secretario General de la Gobernación) y el vicegobernador Bosetti (entonces Ministro de Infraestructura).

En los últimos meses la causa de las ONG no tuvo más novedades, Laura Alonso jamás vino (su visita se anunció dos veces) y los dirigentes de “Cambiemos” dejaron de mencionar el tema.

Por su parte, el oficialismo acusa de “traidor” al vicegobernador y al intendente por irse con el macrismo, pero en ambos casos hicieron todo lo posible por complicar sus gestiones de Gobierno.

Bosetti es un vicegobernador que solamente preside la Cámara de Diputados en lo formal, porque el bloque oficialista fue vaciando de competencias su cargo ante la mirada silenciosa/cómplice de la Casa de Gobierno. Mientras que Paredes Urquiza fue objeto de un proceso de pérdida de competencias constante, desde el transporte público hasta el Tribunal de Cuentas, pasando por la no asunción del diputado Felipe Álvarez.

El peronismo forzó con gestos y acciones el alejamiento de ambos dirigentes.

Está claro que “Cambiemos La Rioja” no tiene hoy los pruritos ideológicos que tuvo en el pasado y puede compartir fotos con quienes antes denunciaba, apostando a un espacio opositor que se construya bajo la consigna del antibederismo (sin importar nada más).

Mientras que el peronismo intenta evitar nuevas deserciones y comenzar a construir un proyecto que les permita retener el poder político provincial.    

Algunos tienen síntomas de fiebre amarilla, otros corren presurosos a realizar una amplia campaña de vacunación para evitar nuevos contagios.

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