La columna de Mattias Meragelman | 10 de JUNIO de 2018 | 07:06

¿Un nuevo orden?

El gobernador Sergio Casas tomó la decisión política más importante de su Gobierno al echar al ministro de Hacienda Ricardo Guerra. Las diferencias dentro del propio casismo y lo que se puede venir en un escenario turbulento, con una Provincia en la que pasan muchas otras cosas que la política y el periodismo no alcanzamos a ver.

El gobernador Sergio Casas tomó la decisión política más importante desde que llegó al cargo hace más de 30 meses: echó al ministro de Hacienda Ricardo Guerra. El hombre que manejó las cuentas públicas durante diez años, pero especialmente la principal figura que respondía al diputado nacional Luis Beder Herrera dentro del gabinete provincial.

La decisión de Guerra de denunciar por supuesta incitación al delito al Secretario de Relaciones institucionales, Ariel Puy Soria, y la posterior desestimación de la Justicia provincial, fueron el último acto de una obra que había comenzado varias semanas antes y que tuvo en el fallido congreso del Partido Justicialista del mes de mayo su primera expresión pública.

Hace tiempo que un grupo de dirigentes del peronismo está convencido que existen chances reales de perder el poder en las elecciones del 2019 y en el marco de ese razonamiento creen que la sociedad demanda mensajes diferentes a los que el Justicialismo expresó a lo largo de estos años. A partir de ese análisis, comenzaron a imaginar un peronismo que no esté sometido a las decisiones de Luis Beder Herrera.

Es por ello que la salida de Guerra fue un mensaje más político que económico.

La gestión del ex ministro de Hacienda presenta hoy las mismas virtudes o defectos que en todos los años que fue funcionario, pero su salida se transformó en un símbolo del distanciamiento de la actual gestión del bederismo. Para ser más claros: Guerra no se fue por su desempeño como funcionario, lo sacaron del cargo para que la caja quede en manos del casismo y para que la sociedad visualice que se terminó una etapa.

Este nuevo periodo tiene en la mesa chica del Gobernador a un grupo de dirigentes que encabezan el secretario general de la gobernación, Gastón Mercado Luna; los diputados provinciales Teresita Madera y Ricardo Quintela; el ministro de Producción Fernando Rejal y el secretario de Relaciones institucionales Ariel Puy Soria. 

Ese sector no es homogéneo, tiene sus propias diferencias internas. Ésa realizad quedó evidenciada cuando algunos de ellos aseguraban a mitad de la semana que los cambios dentro del gabinete continuarían y los otros negaban tajantemente esa posibilidad.

En ese escenario también tienen un papel principal los intendentes, quienes fueron de los primeros en respaldar públicamente al Gobernador cuando todavía no estaba claro qué pasaría en la disputa con el bederismo por la denuncia penal de Guerra. Los jefes comunales reclaman que estos tempraneros gestos políticos tengan algún reconocimiento, y por ello presionan fuertemente para que uno de ellos se sume al equipo de Gobierno en un rol preponderante.

Aunque algunos funcionarios se animan a comenzar a hablar del posbederismo, los peronistas más viejos tienen claro que Luis Beder Herrera sigue siendo un dirigente de mucho peso propio y que de ninguna manera está jubilado de la política.

Es por ello que la Cámara de Diputados será el principal escenario de la discusión que se viene.

La reunión del bloque Justicialista del miércoles por la siesta fue mucho más tensa de lo que trascendió a la prensa, hubo momentos de tonos elevados y de discusiones intensas. La confirmación de Marcelo Del Moral como presidente de la bancada fue el anticipo de lo que sería el jueves una sesión muy tranquila, como si nada hubiera pasado.

Sin embargo, el dato real es que la mayoría de los diputados provinciales todavía responden a Beder Herrera y por ello en Casa de Gobierno miraron con mucho recelo el pedido de juicio político al propio gobernador de la Provincia que realizó un abogado del foro local. La denuncia afirmaba que el Gobierno no había completado sus representantes dentro del Consejo de la Magistratura, mientras que desde el Ejecutivo se informó que lo habían hecho el martes pasado.

A nadie le preocupó la denuncia por sí misma, pero ningún dirigente pasó por alto que no fue casual la aparición de semejante presentación en una semana de tanta intensidad política. Y sumado a diferentes audios que circulan de conversaciones entre funcionarios, intendentes y operadores judiciales, la cosa no está tranquila. 

En el Gobierno ya comenzaron a trabajar pensando en cualquier embestida que pudiera venir desde los sectores más cercanos a su ex mentor político.

Los contactos con el Poder Judicial son intensos y hoy la relación entre los miembros del Tribunal Superior de Justicia y el propio Sergio Casas pasa por su mejor momento. Mientras que el nuevo ministro de Hacienda, Jorge Quintero, ya confirmó que toda la segunda línea de su cartera continuará trabajando de la misma manera y casi con los mismos nombres que lo hacían con Guerra.

¿Irá más lejos el Gobierno? ¿Avanzará sobre la conducción de algunas SAPEM y del propio Banco de La Rioja? ¿Habrá más cambios el gabinete?

A esta altura existe una sola certeza: Sergio Casas es un político extraño.

La mayoría de la dirigencia es cuestionada porque sus discursos pregonan una cosa y sus acciones son mucho más limitadas o hasta contradictorias. El Gobernador mantuvo esta semana un discurso monocorde, sin estridencias, hablando de unidad y de caudillos, al mismo tiempo que con sus acciones echó al ministro más importante de su gabinete y atacó de manera indirecta a quien fuera su líder político durante varias décadas.

¿Qué puede pasar en las próximas semanas? Cualquier cosa. 

 


Están pasando cosas mucho más graves que la salida de Guerra o la ruptura con el bederismo, que la foto con Mujica o a quién va a elegir la Casa Rosada como candidato propio en 2019.


 

No es la primera vez que el peronismo vive una interna de estas características, pero nunca había pasado con una oposición con chances reales de pelear el poder como ocurrirá en este 2019 que se aproxima.

Sin embargo, en “Cambiemos La Rioja” tampoco todo es color de rosas. Mientras el intendente de la Capital Alberto Paredes Urquiza comienza a recorrer el interior pensando en un proyecto provincial, las diferencias con el sector del senador nacional Julio Martínez crecen semana a semana.

Por el momento ambos espacios no encuentran la forma de resolver la discusíón principal que los distancia: los dos quieren ocupar el mismo espacio de ser el candidato a Gobernador de la oposición. Ninguno da señales de ceder y los tiempos se acortan, al mismo tiempo que todos descartan la posibilidad de una elección interna dentro del sector.   

En el medio de tantas operaciones de prensa, anuncios, cambios y teorías conspirativas, quizás sería interesante detenerse a pensar en algunas de las frases que dejó la visita del ex presidente de Uruguay José Mujica.

La dirigencia riojana se peleó por la foto, la imagen más impactante y por dejar en claro cuánto los había conmocionado la presencia del “Pepe”, pero quizás en sus palabras hubo mucho más que en la buscada selfie.

“En Uruguay tenemos la tradición de no tapar lo que existe solamente porque no nos gusta”, dijo el dirigente del Frente Amplio en la Universidad Nacional de La Rioja.

En La Rioja las viandas de los comedores de la Iglesia católica pasaron de 200 a 1200 porciones diarias en dos años y la actividad económica cayó en 2017 un 10% en nuestra provincia; mientras que en un colegio secundario de la zona Sur de la ciudad Capital los estudiantes ya tomaron como modalidad que la mayoría no va a clases los viernes (un cambio cultural que será muy difícil de revertir).

Están pasando cosas mucho más graves que la salida del ex ministro Guerra o la ruptura con el bederismo, que la foto con Mujica o a quién va a elegir la Casa Rosada como candidato propio en 2019.

¿Existe un nuevo orden político en el peronismo provincial? Quizás la respuesta a esa pregunta sea menos importante que otras cosas que están ocurriendo en nuestra Provincia. En el micro clima de la política y del periodismo el árbol nos está tapando el bosque.

 

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