La columna de Mattias Meragelman | 01 de JULIO de 2018 | 07:07

Caras nuevas o militancia

El casismo enfrenta un momento de definiciones y hay posturas antagónicas sobre el futuro político del peronismo. Mientras la economía sigue enviando señales negativas. 

El peronismo tiene numerosas incoherencias y una sola constante a lo largo del tiempo: se activa en cada oportunidad histórica que debe pelear el poder. Esa característica lo define al mismo tiempo que lo condiciona, porque sus oscilaciones ideológicas son el resultado de un pragmatismo que gira únicamente bajo el paradigma de buscar el poder.

El casismo es el emergente político que expresa una vez más en la historia argentina esa característica del peronsimo. Se trata de un movimiento político que tiene como principal objetivo que en 2019 nuevamente sea un peronista quien comande los destinos de la Provincia hasta el año 2023.

Este espacio comenzó a construirse a finales del año pasado y en los primeros meses de este 2018, cuando un grupo de dirigentes se convenció que la figura del diputado nacional Luis Beder Herrera estaba muy desgastada ante la sociedad y que cualquier armado político que lo tuviera como referente central estaba condenado al fracaso.

Esa definición surgió de varias encuestas que mandó a encargar el propio Gobierno provincial, y en las cuales siempre la imagen del ex Gobernador aparecía identificada con valoraciones negativas. Fue así cómo se comenzó a gestar esta etapa que algunos se animan a llamar el post bederismo.

El problema –como tantas otras veces en el peronismo- es que esta construcción incluye una heterogeneidad de nombres, ideas y especialmente de concepciones sobre qué es la política.

El gobernador Sergio Casas y su trío de asesores principales, tienen en claro que el armado del gabinete y del esquema de poder de los próximos meses definirá las chances electorales del peronismo el año que viene. “Tiene que ser un gabinete que muestre gestión y al mismo tiempo nos potencie para las elecciones. Profundizar esta sensación de autonomía política con Beder Herrera y al mismo tiempo mostrar gestión”, dicen alrededor de Casas.

El problema es que dentro del casismo hay dos sectores enfrentados: los que creen que esta nueva etapa reclama caras nuevas que la sociedad valore como una renovación política, y los que apuestan a la vieja militancia por su nivel de instalación pública y su conocimiento de los mecanismos de funcionamiento del Estado.

Esta dicotomía se manifiesta en cada decisión que toma Casas al momento de conformar y elegir los nombres de esta nueva administración. La salida de Diego Mazzuchelli de la secretaría de Gobierno y su reemplazo por el ignoto Carlos Oropel, marca a las claras un caso en el cual el triunfo fue de quienes buscan figuras nuevas.

Sin embargo, no es tan sencillo que el mismo proceso se repita cuando llegue el momento de modificar la conducción del Ministerio de Desarrollo Social o la propia cartera de Salud, lugares para los cuales ya existen más postulantes que sillas disponibles.

¿Militancia o renovación? Es la puja por estas horas. Un conflicto que tiene varias aristas para analizar. 

La primera es que todas las encuestas (las propias del oficialismo y también las de la oposición) muestran que los dirigentes instalados con posibilidades reales de ser electos en los próximos comicios son los de la “vieja guardia”.  No existe ninguna posibilidad de que un candidato que no es conocido por la sociedad pueda ganar una elección, el nivel de conocimiento público es clave en cualquier postulación.

Sin embargo, los nombres nuevos aparecen con una gran ventaja: de la mano de su propia falta de instalación en la sociedad, no tienen imagen negativa ni están asociados con hechos de corrupción que están muy presentes en el imaginario social riojano.

Los de la vieja guardia tienen un piso de votantes más alto que los desconocidos, pero los de la renovación tienen un techo de posibles electores que es más alto porque su imagen negativa es muy baja o nula.

En ambos casos hay un dato que no se puede pasar por alto: 14 intendentes están en condiciones de buscar la reelección el próximo año. Un aparato electoral nada despreciable, que el peronismo podría activar y poner a trabajar para traccionar votos para cualquiera de las fórmulas que se elijan.

Las diferencias de opinión ya están generando que diputados e intendentes empiecen a reclamar por lo bajo que se respete su aporte en este nuevo proceso político, y el respaldo que en diferentes momentos de la interna brindaron al gobernador Sergio Casas para distanciarse del bederismo.

Los más optimistas se ilusionan con un acuerdo en el cual surja una combinación entre lo novedoso y lo ya conocido.

Nombres como el diputado provincial Ricardo Quintela, el ministro Juan Luna, la legisladora Teresita Madera, el ministro Alejandro Moriconi, la intendenta Silvia Gaitán o su par Florencia López, son parte de una lista que podría ser combinada en diferentes formas en una interna que está más cerca de concretarse de lo que se cree.

El peronismo sabe que el Gobierno nacional pasa por su peor momento político y económico desde la llegada de Mauricio Macri a la presidencia. Y es en ese contexto donde comienza a gestarse un tiempo de definiciones.

El Justicialismo riojano entiende que está en juego el poder y nada le resulta más seductor.

 


Los números de la economía marcan un problema que crece mes a mes y con un Gobierno nacional que parece no entender la dimensión de lo que se está gestando.


 

Relación bipolar
La relación política entre el Gobierno provincial y el municipio de la Capital goza de una ciclotimia digna de un diagnóstico de trastorno de bipolaridad.

En las últimas semanas se sucedieron dos gestos de alto impacto: el primero fue la foto del Jefe comunal capitalino Alberto Paredes Urquiza junto al gobernador Casas bregando por la institucionalidad y el segundo la transferencia de recursos de la Provincia a la comuna para pagar la totalidad de la quincenita de los trabajadores que no eran reconocidos.

Cuando todo indicaba que los puentes entre unos y otros se volvían a tender, un grupo de intendentes comenzó a potenciar la posibilidad de interpretar la Constitución provincial para permitir un nuevo mandato de Casas.

El Intendente capitalino no tardó en reaccionar, y el martes por la noche puso en sus redes sociales: “Interpretar la Constitución para violarla, violar la Constitución para mantenerse en el poder y que siga la misma historia. No hay caso, hay algunos que no aprenden más”. La misma idea la amplió cuando dialogó con Radio Independiente, en donde afirmó que en esta nueva etapa política la única diferencia es que “Beder Herrera no aparece en la foto”.

El paredismo cree que alrededor de Sergio Casas hay muchos dirigentes que prefieren al Jefe comunal capitalino lejos del peronismo, para que haya menos postulantes a disputar la candidatura del PJ.

Más allá de que el intento reeleccionista no tiene ningún argumento jurídico que merezca el menor análisis, la relación Provincia/municipio es tan inestable como la política riojana y no existe la posibilidad de brindar definiciones taxativas sobre cómo terminará este proceso.

Se amasa un problema
Los números de la economía marcan un problema que crece mes a mes y con un Gobierno nacional que parece no entender la dimensión de lo que se está gestando.

En la semana que pasó en La Rioja se produjeron 8 despidos en confecciones riojanas, un periodista despedido en Télam y la Universidad Nacional de La Rioja confirmó que la Nación le debe más de 40 millones de pesos en concepto de gastos de funconamiento (se trata de los envíos correspondientes a cinco meses).

Mientras que varias empresas textiles adelantaron a sus empleados que tendrán problemas para pagar el medio aguinaldo, el sector de la construcción denuncia que se perdieron cientos de puestos de empleo formales en los últimos meses y la inflación acumulada alcanzó en lo que va del año un 12.8% (el aumento a los estatales fue del 8%).

El escenario económico crece en su gravedad semana a semana, en parte porque el endeudamiento del Estado nacional condicionará de manera directa a varias generaciones de argentinos, y por otro lado porque el nivel de actividad económica cae mes a mes, al punto de que según datos oficiales más de 5000 Pymes cerraron desde que comenzó la gestión del presidente Mauricio Macri.

Endeudamiento, baja en el consumo, inflación y problemas de empleo, elementos que comienzan a conformar un coctel preocupante. En ese proceso se debe incluir el ajuste fiscal que el Gobierno nacional anuncia semana a semana, y que en el caso de los Gobiernos provinciales cada vez enciende más alarmas.

Sin embargo, hay otro problema que no es económico sino discursivo: el Gobierno nacional aparece atrapado en su propio relato.

Un discurso en donde la culpa de todos los problemas son ajenos y externos, sin hacerse cargo que sus propias políticas no resolvieron ninguno de los inconvenientes económicos que el país tenía en diciembre de 2015 y generaron una serie de preocupaciones nuevas, todas de un profundo impacto social. 

Mientras ese cambio no ocurra, estamos amasando un escenario preocupante.  

prevencion salud
Ciro en La Rioja
sidiunlar