La columna de Mattias Meragelman | 02 de SEPTIEMBRE de 2018 | 08:09

Lo que el verde se llevó

La mega devaluación marca un momento económico muy complejo, con el temor de lo que está pasando con la cadena de pagos y los problemas sociales que se avecinan. Mientras tanto, el peronismo se pelea por un cartel.

El peso argentino se devaluó en un año más de un 100% y cualquier análisis económico que se quiera realizar necesariamente parte de ese dato, que no solamente refleja una realidad monetaria, sino que también expresa una crisis de confianza del mercado y del ciudadano común en la gestión económica del Gobierno nacional.

El miércoles pasado la Casa Rosada cometió un grave error al exponer al propio presidente de la Nación –su máxima figura política- en un mensaje por redes sociales que intentó calmar al sistema financiero al garantizar el pago de la deuda externa hasta el final de su mandato.

El mercado respondió de la peor manera: en menos de 48 horas la devaluación se aceleró.

De esa manera, al problema económico que una depreciación de la moneda de esas características genera, se le sumó el costo político de dejar expuesto al máximo referente del Gobierno en un clima de desconfianza generalizada.

En mayo de este año la corrida cambiaria había colocado a cada unidad de dólar a 23 pesos y provocó el primer cimbronazo masivo. Esta semana se llegó a negociar a más de 40 pesos en la jornada del jueves, y el temor se apoderó de la economía.

El impacto en La Rioja se sentirá en diferentes aspectos:

Uno de los ítems que más preocupa es el alimentario. El INDEC informó que entre julio de 2017 y julio de este año los alimentos se incrementaron en la provincia de La Rioja un 31,2%.  Mientras que en el mismo periodo de tiempo los salarios estatales tuvieron una suba del 16,8% acumulado. Es decir, que la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores públicos en materia de alimentos es muy significativa.

En la historia económica argentina siempre que el dólar aumentó se trasladó a los precios en general y a los alimentos en particular. En ese contexto, el escenario a futuro y la inflación final del mes de agosto preocupan especialmente.

Algunos economistas sostienen que la economía argentina estaba construida sobre la referencia de un dólar a 30 pesos. Está claro que hoy se trastocó totalmente ese valor y es difícil pensar que la inflación no supere cómodamente el 35% anual al finalizar el 2018.

Medido en la moneda extranjera, el valor nominal de la devaluación del salario riojano impacta: en agosto del año pasado el salario mínimo de un empleado público era de 663 dólares, un año después llega a las 368 unidades en la misma moneda. Es el valor más bajo del salario mínimo estatal medido en dólares desde el año 2008.

Por su parte, el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia tuvo un aumento de la demanda alimentaria de los sectores más carenciados y el mismo proceso ya venían expresando los comedores de la Iglesia católica riojana. Ambos datos no son casuales, marcan el momento social que se vive.

El escenario requerirá de una fuerte presencia estatal en los próximos meses, porque el impacto de esta devaluación comenzará a sentirse fuertemente y serán los sectores más desprotegidos los que más golpeados saldrán.

Mientras tanto, la semana que pasó la Cámara Empresarial Riojana puso en evidencia la magnitud del tema al confirmar que algunos proveedores no quieren vender bienes porque no tienen certeza del valor que esos productos tienen.

El propio vicepresidente de la entidad, Crescencio Bottiglieri, fue más lejos en Radio La Red y dijo: “La crisis se acrecentó al disminuir el poder adquisitivo de la gente con la inflación. Lo otro que pasó es que se acortaron las cadenas de pago”.

En este contexto, hay una deuda que se menciona poco pero preocupa mucho al Gobierno: los bonos verdes que tomó la Provincia el año pasado.

En febrero de 2017, durante la gestión del ex ministro de Hacienda Ricardo Guerra, el Gobierno provincial anunció la colocación de deuda con títulos públicos por un monto de 200 millones de dólares.

En aquel momento se explicó que el endeudamiento sería para financiar el desarrollo del Parque Eólico, pero se aclaró que la garantía de la deuda era la propia coparticipación nacional de impuestos que recibe la Provincia.

En febrero de 2017 el dólar estaba a 16 pesos y entonces la Provincia debía aproximadamente 3.200 millones de pesos. A esos 200 millones de dólares, se agregaron 100 millones más en diciembre del 2017. En aquel momento, con un dólar a 18 pesos, la deuda pesificada se extendía en otros 1.800 millones de pesos.

Hoy, con la moneda norteamericana a 38 pesos, se deben 11.400 millones de pesos.

Al momento de tomar el empréstito el total adeudado representaba un 17,8% del presupuesto anual del Estado riojano, hoy equivale a más del 40% del presupuesto del año de la Provincia. 

El Parque Eólico debe pagar ese endeudamiento con sus propios recursos, pero cualquier inconveniente que surja por parte de la empresa estatal será la propia Provincia la que deberá hacer frente a los acreedores con los fondos coparticipables como garantía.

En el próximo año 2019 se empezarán a pagar los intereses de ese empréstito. No es un dato financiero menor.

En la semana que comienza el Gobierno nacional anunciará una nueva serie de medidas. Habrá reducciones de ministerios, se cambiarán algunos funcionarios y también se avanzará en una renegociación del acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional. 

Este proceso económico tiene en paralelo un proceso político. En ese sentido, la gran duda es qué pasará al momento de ir a las urnas el próximo año. Y es allí donde se resolverá la incógnita sobre a quién culparán los ciudadanos de este pésimo momento económico.

Sin embargo, también es interesante pensar en el proceso social que rodea este escenario y en el negacionismo como actitud ante la realidad.

La gran red de redes dice: “El negacionismo es exhibido por individuos que eligen negar la realidad para evadir una verdad incómoda. Es el rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable”.

Algo de eso nos está ocurriendo.

Más allá de todos los errores que el kirchnerismo cometió durante sus doce años de Gobierno, de la gravedad institucional que implica la denuncia de "los cuadernos de las coimas" y de los problemas que no supo o no quiso resolver durante su paso por la Casa Rosada, la administración macrista transita su tercer año de gestión atrapada en su propia lógica de ajuste, Lebacs, endeudamiento, inflación y tarifazos.

Mientras el Gobierno y una gran parte de la sociedad sigan creyendo que el único problema es la “pesada herencia” y no admitan que las políticas económicas que se vienen aplicando desde hace casi tres años son errantes y no resolvieron ninguno de los problemas que la economía ya tenía en diciembre de 2015, la realidad no cambiará.

El macrismo y una parte de la sociedad están prisioneros en su propio relato, y esa situación es tan grave como la propia crisis económica.

 


Más allá de Casas y Beder Herrera, el dato es otro: el peronismo no está en sintonía con numerosos sectores sociales.


 

Pelea de carteles
Sergio Casas fue elegido como máxima autoridad del Partido Justicialista riojano en la siesta del viernes pasado.

Luego de la renuncia masiva de dirigentes del Consejo provincial del peronismo y de un Congreso partidario que lo propuso como la mejor opción para normalizar el Justicialismo, el Gobernador reeemplazó al diputado nacional Luis Beder Herrera como referente del oficialismo provincial.

En el casismo creen que el PJ era el único espacio de poder institucional donde todavía el bederismo tenía fuerza, y por ello consideraban que era fundamental contar con la conducción partidaria.

Esta acción provocó una nueva aparición en redes sociales del propio ex gobernador y diputado nacional, Luis Beder Herrera. El famatinense aclaró que nunca renunció a la conducción del partido, que no entendía la movida política del oficialismo y especialmente cuestionó el momento del país elegido para realizar esta acción.

Mientras que en Casa de Gobierno creen que la jugada posiciona a Casas de cara a lo que viene: “Hoy no existen posibilidades sociales de reelección, pero si queda claro que el Gobernador conduce el oficialismo. Después veremos cómo definimos los candidatos para el próximo año”, se escucha cerca del despacho gubernamental.  

Más allá de Casas, Beder Herrera y algunos miembros del Consejo provincial que hicieron renegar bastante para firmar su renuncia, el dato es otro: el peronismo no está en sintonía con numerosos sectores sociales.

Al riojano promedio que el Justicialismo esté normalizado, unido, separado o divorciado no le cambia la vida en nada, porqué la realidad económica es muy grave y los conflictos sociales y laborales lo demuestran.

Esta semana echaron a siete trabajadores de la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación, los trabajadores PIL reclaman una respuesta mediante decreto para solucionar su situación salarial, los sindicatos anunciaron un paro provincial para el 13 de septiembre, las calles estuvieron llenas de estudiantes que piden más presupuesto para las universidades y el dólar superó los 40 pesos. 

Mientras tanto, el peronismo riojano se peleó por el cartel de la puerta de entrada a la Casa de Todos. 

prevencion salud
Ciro en La Rioja
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