Deportes | 12 de SEPTIEMBRE de 2018 | 13:09

River mantiene su andar imbatible en la Copa Argentina y ya está en cuartos de final

En Lanús, derrotó 2 a 0 a Platense con goles de Pratto y Scocco, ambos de penal. En la próxima ronda se medirá con Sarmiento de Resistencia o Atlético de Rafaela.

Mezcla los naipes en Arias y Guidi, reparte con la convicción de siempre aunque, esta vez, Marcelo Gallardo sabe no cuenta con anchos ni siete bravos. Faltan cuatro barajas fuertes en el mazo del Muñeco. Pero siempre tiene una carta ganadora. Entonces, cuando la mano viene cambiada y Platense lo invita a jugar a la casita (o pelota) robada, entra el Nacho de espadas. Y River pasa de ser un equipo previsible, al que le adivinan cada seña, a ganar en cada centímetro del verde paño. Porque contagia Fernández, porque se hace cargo del juego y libera espacios. La mueve de acá para allá. Y sus compañeros fluyen en la noche del Sur.
Y el bicampeón de la Copa Argentina, por fin, muestra la diferencia de jerarquía y categoría ante el voluntarioso rival de la B Nacional. Y ya está en los cuartos de final del torneo vernáculo, a la espera de Atlético de Rafaela o Sarmiento de Resistencia. Con el ánimo en alza para jugar el sábado ante San Martín de San Juan y con la vista enfocada en el duelo ante Independiente, el miércoles en Avellaneda.
Es un experto en el mano a mano Gallardo. Desde que asumió en el invierno de 2014, disputó 45 mata-mata, como dicen los brasileños. Ganó 37. Y mostró respuestas desde el banco para torcer el rumbo de un encuentro que se había vuelto incómodo por la disposición táctica del rival y sus ilustres ausencias. Con dos penales, uno de Lucas Pratto y otro de Ignacio Scocco, resolvió el partido.
Sin Franco Armani, ese arquero que hace sencilla la pelota más difícil. Sin Exequiel Palacios, el pibe tucumano que empieza a mostrar todas sus luces. Sin Pity Martínez, desequilibrante y de pegada precisa. Sin Juan Fernando Quintero, el talento colombiano. Sin todas esas figuras que se sacaron chispas en el amistoso de Nueva York, River encaró el partido con un esquema conocido, pero diferentes intérpretes.
A bordo del 4-2-2-2, con Leonardo Ponzio y Enzo Pérez en la salida y Nicolás De La Cruz y Cristian Ferreira en la elaboración, River tuvo la pelota, pero le faltó juego, cambio de ritmo y sorpresa. No pudo disimular las bajas de sus seleccionados, especialmente, la de sus creativos. Demasiados buenos pies perdió el coloso de la banda roja. Y la intención de explotar el ancho del campo y lastimar con los laterales a partir del juego interno del uruguayo y el cordobés, dos jóvenes de 21 y 19 años, se deshizo en el medio del orden calamar.
Platense llegó a la Fortaleza consciente de sus limitaciones. Pero no se refugió contra Jorge De Olivera. Por el contrario, en el arranque presionó en tres cuartos. Y cuando recuperó la pelota, fue punzante por las bandas. Sobre todo, a espaldas de Ferreira y de frente a Milton Casco, un sector que aprovechó Nicolás Morgantini, interesante lateral, osado para proyectarse. Le faltó un centro atrás. El que logró Facundo Curuchet cuando comenzaba el partido y no pudo resolver Daniel Vega. El volante con apellido de ciclista apenas jugó un puñado de minutos. Una fractura del peroné derecho lo dejó fuera de carrera. Entró Diego Tonetto, Cristian Amarilla se movió de la izquierda a la derecha, pero Fernando Ruiz no desarmó el prolijo 4-1-4-1.
Resultó demasiado livianito De La Cruz, perdió todas las divididas y sucumbió ante la marca de Platense. River había estado demasiado impreciso y sólo tuvo una posibilidad, cuando quedaban cinco minutos para el desenlace de la primera etapa. Una pelota larga que encontró a Rafael Santos Borré perfilado para rematar cruzado. De Olivera neutralizó el disparo del colombiano.
El ingreso de Nacho Fernández cambió la ecuación. River encontró espacios, movilidad y juego, fundamentalmente. Adelantó sus líneas, Gonzalo Montiel fue más punzante y metió una daga en el área para Santos Borré. Lo bajó Emanuel Bocchino. Y Ariel Penel, muy cerca, cobró penal. Pratto mostró ese carácter del que se jactó durante toda la semana y le rompió el arco a De Olivera.
Pareció terminarse el partido para Platense, que no tenía muchas armas para atacar. Lo suyo había sido controlar el medio con Elías Borrego y Hernán Lamberti y apostar a algún descuido de la defensa rival. El penal de Nahuel Iribarren, una mano cuando quiso cruzar a Scocco, acabó por sepultar las esperanzas marrones. El otro Nacho, el goleador, no falló desde los once metros. Y River ganó. Otra vez. Porque Gallardo tenía guardado un as bajo la manga: Fernández.

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