La columna de Mattias Meragelman | 29 de SEPTIEMBRE de 2019 | 07:09

La ciudad de la furia

La próxima gestión municipal enfrentará algunos problemas estructurales que no serán sencillos de resolver. La administración de la ciudad es motivo de diagnósticos equivocados en las últimas campañas electorales. El compromiso que el paredismo no cumplió también es parte de la realidad del principal conglomerado urbano de la Provincia.

Si Juan Ramírez de Velasco volviera hoy a la tierra que fundó hace 428 años se sorprendería. La vería como una urbe mucho más grande de lo que imaginó, con los mismos problemas hídricos que ya le tocó vivir a él y le costaría mucho entender cómo puede ser tan difícil administrar una ciudad.

Gobernar el municipio de la Capital presenta algunos problemas que hacen más difícil gerenciar la ciudad que la Provincia. Y ésa realidad tiene motivos financieros, que sumados a otros estructurales y de crecimiento demográfico explican las causas pero no alcanzan para encontrar las soluciones.

Esta semana nuevamente los Programas de Empleo Municipal (PEM) estuvieron en el centro de la escena. El pago de sus sueldos por parte de la gestión comunal se demoró y una intensa protesta se instaló en la Plaza 25 de mayo, con lesiones a policías incluidas y con uno de los manifestantes detenido por ser el supuesto autor de la agresión a un funcionario policial.

Los PEM son 3.017 trabajadores precarizados, que cobran entre 2.000 y 5.000 pesos, con un costo salarial mensual que implica aproximadamente 15,3 millones de pesos.

El pago de esos empleados no está contemplado en ningún esquema de financiamiento que tenga continuidad en el tiempo. Este año la Nación envió 120 millones de pesos para sus sueldos, esa cantidad de recursos alcanza para ocho pagar meses y luego de esa fecha empiezan los problemas que tod@s conocemos.

El otro gran inconveniente son l@s 1.900 trabajadores que la comuna tiene en planta pero que la Provincia no reconoce porque fueron designad@s después del límite del 31 de diciembre de 2014 que determinó la Ley de Coparticipación municipal. Es decir, la Provincia no los toma en cuenta el momento de girar recursos para pagar los haberes de los empleados comunales.

Es@s trabajadores implican según los datos oficiales de la comuna un costo mensual (incluyendo sus aportes patronales y obra social) cercano a los 47,5 millones de pesos. 

Los problemas del próximo intendente/a no terminarán ahí: la Municipalidad no tiene recaudación propia. De cada diez pesos que debe gastar la comuna, Rentas de la Municipalidad solamente aporta dos. Para poner un ejemplo que grafica esta realidad: dos de cada diez frentistas pagan la contribución inmobiliaria. Es decir, únicamente el 20% abona el principal gravamen que tiene cualquier municipio.

Esa situación se repitió en las gestiones de Ricardo Quintela y de Alberto Paredes Urquiza. Con un agravante: la tasa de alumbrado público era la principal fuente de financiamiento y hoy está en caída libre.

El Gobierno provincial modificó el esquema de cobro de ese gravamen y ahora recauda para la comuna teniendo en cuenta criterios del año 2017, pero le cobra la energía que consume con tarifas de 2019.

Pasando en limpio esa tasa hace dos años representaba el 30% de la recaudación municipal y ahora hay meses en los cuales se junta menos dinero del que se le debe pagar a la empresa EDELaR por el servicio de alumbrado en las calles de la ciudad.

A este escenario, se debe sumar que hasta el año pasado los municipios recibían el Fondo Federal Solidario, conocido como Fondo Sojero, y que permitía realizar pequeñas obras de infraestructura en la ciudad. Hoy ya no se transfieren ni a las municipalidades ni a las provincias esos recursos.

La descripción negativa también incluye al transporte público. Los Munibus tienen una tarifa totalmente desactualizada, con el agregado de que no pueden acceder a los beneficios de los subsidios nacionales porque sus trabajadores no están dentro del convenio colectivo de la UTA.

 


La Rioja es una urbe que creció desorganizadamente, se cuentan por decenas los barrios que no tienen cloacas, cordón cuneta, gas natural y serios problemas en el acceso al transporte público.


 

En qué te has convertido Alberto
Durante la campaña que lo llevó al Palacio municipal Juan Ramírez de Velasco Alberto Paredes Urquiza repetía en público y en privado: "Yo no voy a ser como Quintela". La afirmación apuntaba a que su gestión no quedaría presa de la pelea con la Provincia y revertiría los problemas que le dejó su antecesor.

La realidad es que el último tramo de esta gestión paredista es una copia del final del paso del actual diputado provincial y candidato a Gobernador, Ricardo Quintela, por la comuna. Paredes Urquiza fracasó en darle previsibilidad y autonomía a la gestión, inclusive agregando algunos problemas que la ciudad manejada por el quintelismo no tenía (la cuasi desaparición de los Munibus es el ejemplo más concreto).

En esta situación hay culpas propias y otras ajenas.

Los elementos externos tienen su pecado original en que el paredismo se encontró con 1.900 empleados designad@s en planta permanente pero no reconocid@s por el Gobierno provincial al momento de financiar sus sueldos. Tod@s l@s trabajadores que ingresaron a planta permanente entre enero y diciembre de 2015 no contaron con el respaldo financiero para sus salarios. 

Sin embargo, Paredes Urquiza no supo generar recursos propios. El Intendente tuvo un elemento a su favor que aprovechó y fue que la Nación le envió recursos para afrontar el pago de los PEM por lo menos hasta agosto, y esos fondos se agotaron dos meses antes de la fecha prevista.

En este punto también es necesario marcar la incoherencia política del paredismo de terminar aliado al bederismo en estas elecciones.

En el año 2017 “Encuentro por La Rioja” marchaba por las calles de la ciudad responsabilizando al sector del diputado nacional por la quita de la competencia en el transporte público, por la sanción de la Ley de coparticipación sin el reconocimiento de 1.900 trabajadores y por el ahogo financiero que decían sufrir.   

Hoy plantean la firma de un acta previa a las elecciones como una supuesta garantía de que todo lo que denunciaron no volverá a ocurrir.  

Diagnóstico
Las últimas gestiones municipales enfrentaron todas los mismos problemas: la administración de los recursos y la previsibilidad en el tiempo de la prestación de los servicios.

Ese inconveniente parte de un mal diagnóstico de las necesidades de la ciudad Capital.

La Rioja es una urbe que creció desorganizadamente, se cuentan por decenas los barrios que no tienen cloacas, cordón cuneta, tampoco gas natural y serios problemas en el acceso al transporte público.

En el año 2005 el Concejo Deliberante sancionó el nuevo Código de urbanización, y un equipo de arquitectos, ingenieros y concejales determinó que el crecimiento de la ciudad debía realizarse hacia el extremo Norte por una serie de condiciones geográficas e hídricas que eran claves para mejorar la llegada de los servicios.

15 años después queda claro que el crecimiento se produjo hacia el otro extremo de los puntos geográficos y hoy más del 30% de los habitantes de la Capital vive en la zona Sur, que es justamente una de las más afectadas por la falta de servicios públicos.

El principal sillón del Palacio Juan Ramírez de Velasco puede ser ocupado después del 10 de diciembre por Teresita Madera, Néstor Bosetti, nuevamente Alberto Paredes Urquiza, Inés Brizuela y Doria, Leonel Acosta o Fernando Gómez. El problema no estará en el nombre, quizás ni siquiera en las ideas, el inconveniente central se presentará en entender los problemas que la urbe expone.

Mucho se ha escrito/hablado sobre el vínculo entre las aspiraciones de ser Gobernador de quien ocupa la intendencia y los fracasos de las gestiones. A mi entender esa realidad política está sobrevalorada, porque una buena intendencia sería un gran trampolín hacia la pelea por la "Casa de las Tejas".

El problema no estuvo en las aspiraciones políticas de Mario Santander, Luis Agost Carreño, Ricardo Quintela o Alberto Paredes Urquiza, el inconveniente fue cómo se gestionó la ciudad.  

No se trata de prometer trabajo en equipo o comprometerse a ser solamente intendente/a, la cuestión central es sentarse a pensar la ciudad en serio, convocar a los consejos de ingenieros, arquitectos, economistas y ver cómo revertir esta realidad.

La Rioja se ve tan susceptible, ese destino de furia es lo que en sus calles persiste.

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