La columna de Mattias Meragelman | 08 de DICIEMBRE de 2019 | 07:12

El amor es más corto

La legitimidad de los gobiernos que comienzan esta semana en una etapa histórica en la cual el espacio de los 100 primeros día no existe más como una prerrogativa. Mientras tanto, en la UNLaR la interna se hace visible por muchos lugares. 

El periodismo político enfrenta en los últimos años un problema de categorías. Algunos paradigmas de análisis quedaron desactualizados al momento de pensar la realidad y los procesos políticos del siglo XXI no pueden ser reflexionados con elementos de la centuria anterior. 

Un ejemplo de ello son los famosos primeros 100 días de Gobierno. Durante mucho tiempo se repitió que las gestiones comenzaban con un espacio de tiempo en el cual la sociedad confiaba en las decisiones de sus gobernantes y no cuestionaba. Era un periodo de tiempo en el cual las críticas eran mínimas o directamente no existían.

Esa realidad hoy no existe más. Ningún Gobierno tiene ese plazo disponible, no hay luna de miel, el amor dura menos o el desenamoramiento es más rápido.

Se pueden buscar muchas razones a este nuevo escenario.

De la mano del desarrollo tecnológico y comunicacional está claro que la vida hoy es más veloz. Los vínculos humanos ingresaron en una dinámica de la cual la política como ejercicio y los políticos como sus protagonistas no pueden salir ni evitar caer. Todo es efímero en esta etapa histórica, incluyendo los escenarios políticos.  

Por otra parte, la crisis de representación genera que los dirigentes asuman con una carga de desprestigio que los condiciona. La llegada a la función de los nuevos gobernantes incluye un rechazo intenso por parte de algunos sectores sociales que no los votaron.

El presidente Mauricio Macri en el año  2015 o el mandatario electo Alberto Fernández en este 2019, son ejemplos concretos de asumir una función y tener una oposición ya conformada antes inclusive de jurar en sus cargos o tomar las primeras decisiones de Gobierno.

A nivel local algo de lo repasado en los párrafos anteriores vivirán Ricardo Quintela en el Gobierno provincial e Inés Brizuela y Doria en la conducción del municipio capitalino en los próximos 100 días.

Quintela asume en un escenario social y económico complejo.

Los referentes de los comedores de la ciudad Capital cuentan que semana a semana crece la cantidad de gente que demanda comida, puntualizando que donde antes solamente iban los chicos hoy se presenta la familia completa.

Con el agregado que en las últimas horas los datos de la Universidad Católica Argentina confirmaron que la pobreza ya afecta al 40% de la población nacional y todo indica que los datos del INDEC del segundo semestre de este año (que se conocerán en marzo) serán lapidarios en relación al crecimiento de la pobreza en todo el país.

Sin embargo, más allá de esos datos económicos que el nuevo oficialismo provincial podrá adjudicar a las políticas del Gobierno nacional que termina su gestión, existen responsabilidades políticas que involucran al quintelismo y que no podrá eludir en el impacto que tendrá sobre su gestión y su imagen pública.

Uno de los dramas que se repetirá será el de los trabajadores precarizados, que se cuentan por cientos en los diferentes ministerios y son el resultado de las políticas laborales de la Provincia, en donde el peronismo gobierna hace varias décadas. Lo mismo ocurre al momento de pensar en los bajos salarios de los estatales o los problemas estructurales que La Rioja tiene en materia de salud.

Para ser más explícitos: Quintela no podrá hablar de “la pesada herencia” que recibe. El gobernador electo fue el candidato del peronismo y muchos funcionarios de su Gobierno tuvieron roles centrales en las gestiones Justicialistas anteriores.

Ese fenómeno sumado al acortamiento de la paciencia que la sociedad expresa con los gobernantes recién asumidos, deja en claro que en cada acción que realice desde el próximo martes el nuevo Gobernador se jugará su propia legitimidad y no tendrá tiempo de acomodarse o entender cómo funciona la botonera del poder.

Algo similar ocurrirá en el Palacio municipal Juan Ramírez de Velasco.

Inés Brizuela y Doria recibe una ciudad devastada en materia de servicios públicos, con una deuda en obras públicas que los más cautos ubican cercana a los 140 millones de pesos y los menos temerosos sostienen que rondaría los 200 millones de pesos, tampoco tiene certezas sobre cómo financiar el pago a los Programas de Empleo Municipal y con pagos pendientes en alquileres y salarios de contratados que rondarían los 60 millones de pesos.

En ese contexto, el radicalismo podrá en lo discursivo decir que hace más de 35 años el peronismo gobierna la ciudad y hablar de una gestión recibida en condiciones críticas. Ese relato será cierto.

Sin embargo, cuando las primeras grandes lluvias del verano lleguen, si la basura no se recolecta o el servicio del Munibus no mejora, el reclamo de los vecinos comenzará a buscar responsables y más tarde o más temprano apuntará hacia la gestión que ingresa el 11 de diciembre.

Este recorrido se potencia si se toma en cuenta que el radicalismo fue aliado político del intendente Alberto Paredes Urquiza hasta mediados de este año y que muchos de los dirigentes que estarán en la conducción del municipio respaldaron la gestión del paredismo hasta hace muy poco tiempo.    

La palabra clave sigue siendo legitimidad: la creencia de la sociedad en sus gobernantes. Esa credibilidad se elabora de la mano de ejercer el poder correctamente, dando a cada quien lo que le corresponde y de políticas públicas que solucionen los problemas reales de la comunidad. 

Unos y otros deben tener claro que esa legitimidad se construye a una velocidad diferente a la de años anteriores. El problema es que esa credibilidad también se destruye con la misma facilidad.  

 


La interna dentro del oficialismo en la Universidad Nacional de La Rioja venía transcurriendo con menor o mayor exposición en los últimos meses, pero en estas semanas la cosa se salió de cauce.


 

¿Verde esperanza?
La interna dentro del oficialismo en la Universidad Nacional de La Rioja venía transcurriendo con menor o mayor exposición en los últimos meses, pero en estas semanas la cosa se salió de cauce.

El sitio fenix951.com.ar publicó que “el vicerrector José Gaspanello solicitó al Departamento de Ciencias de Exactas, Físicas y Naturales que inicie una investigación administrativa en contra del docente Ariel Martínez, por ¨irregularidades¨ en el proceso de efectivización docente”.

La nota con la cual Gaspanello presentó la denuncia tiene fecha de mediados de noviembre, pero se viralizó en las últimas horas por redes sociales, justo cuando Martínez está por jurar como nuevo ministro de Educación de la gestión del gobernador Ricardo Quintela.

La llegada de Martínez a la cartera que actualmente conduce Juan Luna es el resultado directo de la participación de “Unamos” en las últimas elecciones apoyando al peronismo y que este conflicto haya trascendido a horas de jurar es parte de la interna de la Casa de Altos estudios.

A esta altura la relación entre el rector Fabián Calderón y su vice José Gaspanello es nula. La alianza política que supieron conseguir posterior a la Toma del año 2013 hoy no existe más y Calderón limitó las funciones de Gaspanello a las tareas que le corresponden institucionalmente, lo corrió del manejo político de la gestión.

La participación política partidaria de Calderón fuera del edificio universitario provocó que la relación con su compañero de fórmula (que ya no era buena) terminara de romperse. A lo cual se sumó que el calderonismo cree que el Vicerrector trabajó políticamente para “Juntos por La Rioja” y en contra de la candidatura a diputado nacional de la máxima referencia de la UNLaR.   

En ese contexto todo lo que pasa en la Universidad es leído en clave de interna, pero especialmente de posicionamiento de cara a los comicios del próximo año, en donde ni Calderón ni Gaspanello podrán buscar un nuevo mandato.

En la semana que pasó renunciaron tres funcionarios: el Secretario legal y Técnico Gabriel García Cruz, el Relator del Consejo Superior Gonzalo Villach y el Asesor Legal Pedro Carreño. La salida de los tres fue para sumarse a la gestión municipal de Inés Brizuela y Doria y no estuvo vinculada al proceso interno de la principal universidad de la Provincia.

Sin embargo, en las próximas horas el rector Calderón completará esos cargos y en la decisión de los nombres de las designadas (habría mayoría de mujeres) se podrá observar el futuro político del espacio “Verde” y cómo se posiciona en relación a la interna desatada.

El año que viene hay elecciones en la UNLaR, ya empezó a notarse.      

Sancor Seguros

Internet para todos
Osunlar
Apos