La columna de Mattias Meragelman | 20 de SEPTIEMBRE de 2020 | 07:09

¿Y si el equivocado soy yo?

Nos salimos de la coyuntura para pensar la relación entre el peronismo y las clases medias que le vienen dando la espalda electoral en las últimas elecciones. ¿Es un problema de formas o no tiene solución? La teoría de los tercios y la batalla cultural. 

Desde hace mucho tiempo en este espacio periodístico se volvió reiterativo cuestionar la estrategia política del peronismo provincial para intentar llegar a las clases medias urbanas. El eje de mi análisis es: el Justicialismo se equivoca en las formas, en el modo con el cual pretende revertir su imagen ante ciertos sectores sociales que vienen dándole la espalda en los últimos procesos electorales.

En tiempos de pandemia esos cuestionamientos se centraron en innecesarias visitas presidenciales o críticas a l@s profesionales de la salud por compartir un mate, por mencionar algunos ejemplos recientes.

Sin embargo, este 2020 que vino a poner en duda todo, también habilita discutir mi propia idea.

Cuando el pago de la ayuda económica que se brindó a los sectores privados desde el Estado provincial se concretó hace un par de semanas, un dirigente peronista me hizo una pregunta interesante: “Cuántos de esos empresari@s que el Estado los está ayudando a pagar los sueldos te imaginás que van a votar al peronismo en las elecciones legislativas del año que viene”. Antes que yo atinara alguna especulación sin mucho fundamento, él mismo se respondió: “Casi ninguno”.

Está claro que esos sectores entienden que el Estado debe ayudarlos ante la magnitud de la crisis y la extensión del aislamiento por la pandemia (yo pienso igual). Lo interesante es que much@s de ell@s después votan a propuestas políticas que proponen el achicamiento del Estado y la no intrervención estatal en la economía. 

Y entonces aquí surge la duda: ¿Tiene el peronismo posibilidades de convencer electoralmente a ciertos sectores de la sociedad que lo identifican como el responsable de los problemas que vive el país y la Provincia?

Hay un espacio de la sociedad para el cual Justicialismo es sinónimo de demagogia, corrupción, privilegios por ser funcionari@, falta de respeto al sistema republicano y populismo (en el sentido negativo que esos grupos sociales le dan a ese término).

En el caso del peronismo riojano gobierna hace 37 años la Provincia y entonces los bajos salarios de l@s estatales, los serios problemas de división de poderes que expresa La Rioja o las carencias del sistema de salud que evidenció de manera trágica esta pandemia, no son atribuibles a otros espacios políticos. Son argumentos válidos para cuestionar al Justicialismo.

No es la intención de este texto pensar si tienen razón o no, descalificar pensamientos o modos de votar, sino que busca describir un escenario y preguntar si tiene posibilidades el oficialismo de revertirlo.

En la historia del devenir político de las últimas décadas a nivel provincial y nacional hay ejemplos para todos los gustos sobre el comportamiento de l@s votantes. Algunos podrían reafirmar este comentario político y otros mostrarlo como un desvarío sin sentido.

En 2008 la crisis con el sector agropecuario llevó a la por entonces presidenta Cristina Fernández a caer estrepitosamente en las encuestas y perder las legislativas del año 2009. Luego de esa elección, la actual vicepresidenta impulsó la ley de medios de comunicación audiovisual, estatizó las AFJP e YPF y potenció el rol de "La Cámpora" dentro de su Gobierno. Es decir, profundizó medidas que claramente espantaban a esas “clases medias”. En 2011 ganó con el 54% de los votos.

Más acá en el tiempo, la vicepresidenta fue electa en 2019 a pesar de ser una de las dirigentes con mayor imagen negativa del país. Solamente con no ser ella la que encabezaba la lista pareció suficiente para mitigar su impacto sobre quienes no la quieren pero votaron a Alberto Fernández.

El peronismo provincial venció en las elecciones legislativas del departamento Capital en 2017 con la lista que encabezaban Teresita Madera y Ricardo Quintela, pero dos años después perdió por primera vez la intendencia del principal distrito político de la Provincia en manos del radicalismo encabezado por Inés Brizuela y Doria y con l@s mismos referentes compitiendo en las listas. 

En este punto del análisis también se puede sumar la realidad de los medios de comunicación y de las redes sociales.

Está claro que las empresas periodísticas y l@s periodistas que las componemos no somos independientes, tenemos intereses ideológicos y económicos que nos atraviesan al momento de contar la “realidad”. Es difícil creer que alguien puede seguir afirmando que un medio cuenta la verdad y otro no, cada uno construye la noticia y esa construcción no es casual ni inocente.

Y la expectativa de que las redes sociales fueran un espacio horizontal en donde se cruzaran libremente las opiniones se fue desvaneciendo con el tiempo, porque hoy son un territorio condicionado por la propia agenda que marcan los medios masivos y las campañas orquestadas por l@s trolls de uno y otro lado.

Sin embargo, también hay que poner el impacto de la comunicación en su verdadero lugar. En 2011 o en 2019, el Justicialismo se impuso teniendo claramente en contra a los medios masivos de mayor audiencia del país. Jugamos un papel importante en la construcción de sentido de la realidad que realiza la comunidad, pero no creo que ese rol sea tan decisivo como a veces nosotr@s mismos promocionamos.  

No pretendo ser inocente, los medios de comunicación son claves en la batalla cultural que se disputa y que explica gran parte del proceso político que vive el país hace muchos años, pero su impacto no es lineal al momento de pensar cómo influyen en la comunidad.

Algun@s politólog@s hablan de una sociedad argentina que está compuesta por tercios. Un tercio somos peronistas, un tercio son antiperonistas y el espacio restante oscila en cada elección.

¿Entonces el problema está en ese tercio? Y la pregunta siguiente sería qué quiere ese tercio o qué lo lleva a votar de una u otra manera.

Ese 33% cambia, se enoja y se amiga con el Justicialismo en una dinámica que no tiene la rigidez que este espacio periodístico pretende imponer. Ese tercio varía de acuerdo a múltiples conceptos que van desde el miedo a que Argentina sea como Venezuela hasta el enojo por la posibilidad o no de comprar dólares, desde la penosa intervención peronista del INDEC hasta el fracaso de la política económica de “Cambiemos”.

En el folklore popular la canción afirma: “Para qué te casaste, si vos bien lo sabías, que yo era guitarrero de amanecidas”. La letra busca marcar la falsa expectativa de que alguien deje de comportarse de una determinada manera al momento de contraer matrimonio (a nuestro cancionero popular también le falta deconstrucción).

Y quizás con el peronismo pasa algo similar, algun@s de nosotr@s le pedimos que sea lo que no es. No tiene esas formas que dejarían contenta a la clase media, sino que es un movimiento caótico y contradictorio, con el cual algun@s nos sentimos identificados porque beneficia con sus medidas a mayorías sociales y otr@s entienden que esas mismas medidas son “pura demagogia” de corto plazo para someter a los sectores más carenciados.

Ojo, el anti peronismo también es caótico y contradictorio. Porque sus planteos van desde argumentos muy sólidos como cuestionar la falta de credibilidad de las estadísticas oficiales durante el gobierno kirchnerista, hasta indignarse porque se acabaron los vasos de plástico en Starbucks (aunque vivas a 450 kilómetros de su local más cercano). Y además, los sectores que lo componen van desde la extrema derecha del arco político hasta la izquierda más profunda.

¿Entonces tenemos razón los que le pedimos al peronismo que cambie las formas para poder llegar a esos sectores que lo rechazan o tienen razón aquell@s que proponen profundizar la batalla cultural y poner todas las cartas sobre la mesa? El año que viene hay elecciones en la Capital y se eligen ocho legisladores, quizás allí nos saquemos parcialmente la duda.

En un texto que pretenda analizar qué es el peronismo (aunque la pregunta no fue explícita, es el trasfondo de este comentario), no se lo puede no mencionar a él en ningún párrafo. Es un cierre un poco torpe, pero apelo a que el/la lector/a acepte la ironía. 

El General dijo y lo hicieron decir muchas más cosas, pero en una extensa entrevista con Sergio Villaroel y Jacobo Timerman se generó el siguiente diálogo: “Mire, en Argentina hay un 30% de radicales, lo que ustedes entienden por liberales; un 30% de conservadores y otro tanto de socialistas”. “Y entonces, ¿dónde están los peronistas?”,  preguntaron los periodistas. “¡Ah, no, peronistas somos todos!”, contestó Juan Domingo.

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