La columna de Hugo Doliani | 22 de FEBRERO de 2021 | 19:02

¿La sociedad tendrá espaldas para impedir una vuelta a la Fase 1?

En su habitual análisis semanal, Hugo Doliani analiza la situación epidemiológica y la posibilidad de que vuelvan las restricciones para frenar los contagios de coronavirus y también habla sobre lo que dejó el Vacunatorio Vip.

Leyendo la columna de mi estimado y destacado colega Mattías Meragelman, y acordando con la mayor parte de su análisis, me propuse verlo desde otra óptica. Él se pregunta si el Gobierno tiene espaldas para volver a una Fase 1 de ser necesario, y yo me pregunto si es la sociedad la que tiene espaldas para un reclamo. 

Mattías habla de la credibilidad de un gobierno por un hecho, digamos, desafortunado. Yo hablo de la credibilidad de una sociedad (minoritaria, o no) que no solo desconoció la gravedad de la pandemia, la inutilidad de una cuarentena (la más larga del mundo, dicen “ellos”). Negaron la validez de la vacuna rusa, adhirieron a una campaña de “yo no me vacuno”, adhirieron a la apertura indiscriminada de comercios antes de lo aconsejado. Pidieron la reapertura de las escuelas y muchas otras cosas que atentaban contra la salud.

Cuando pudieron recuperarse muchas de las actividades, con los protocolos correspondientes, se apeló a la conciencia y conducta social.
Todos sabemos que la sociedad, o gran parte de ella, no estuvo a la altura de los acontecimientos. Muchos se negaron al uso del barbijo, proliferaron las fiestas y reuniones privadas. Febrero chayó por todos lados con un aumento geométrico de casos, desde las fiestas de fin de año. Proliferó el alcohol y aumentaron los accidentes viales. Está en riesgo el sistema de salud como para afrontar una segunda ola del virus, que se dio en todo el mundo.

Dicen que los gobiernos tienen que dar el ejemplo, ¿y la sociedad qué?

La historia del huevo o la gallina, un interrogante que resume una imposibilidad filosófica de cuál es el principal elemento de la credibilidad.
Cuando se enfrenta el peor inconveniente que azotó al mundo, política-social y económicamente, enemigo desconocido y misterioso, La Argentina tuvo respuestas y cuando se hace, el error cabe.

Creo que, en este caso, gran parte de la sociedad no estuvo a la altura, tuvieron los derechos del ciudadano, pero no sus obligaciones, como lo es no poner en riesgo la vida de los demás.

Ahora hablemos del error, pero antes reconozcamos los nuestros, los propios sin desconocer los errores de “ellos”.

Cuál fue el concepto de Salud privilegiada de Macri, al bajar el presupuesto del área y transformarlo en Secretaría. Cuál al bajar la cantidad de vacunas obligatorias, o al dejar vencer miles de vacunas de alto costo, no solo económico sino social, o que argumento esgrimieron al no construir un solo hospital, paralizar las obras de los que estaban en construcción, o para negar la gratuidad de los medicamentos a jubilados. Solo algunos hechos referidos a la salud y a los dichos de un impresentable Rubinstein. Claro, dejamos todas las otras áreas de gobierno de lado, las tarifas, el desempleo, el cierre de PYMES y el fantástico “Club de Amigos del Presidente”.

Hoy nos ocupa el “vacunatorio VIP”, medido con la vara de la moral de los inmorales.

Una opinión absolutamente personal, no le echen la culpa al peronismo que respiro, si yo fuese gobierno, haría vacunar obligatoriamente a todos y cada uno de los funcionarios en riesgo, una para dar el ejemplo y credibilidad a la vacuna tan discutida, y otra, para que ningún funcionario ponga en riesgo la salud de la gente entre la que tienen que actuar. Obviamente siguiendo un cuidadoso Plan de Vacunación, el mayor de la historia en el mundo, perfeccionándolo en el día a día. Plan que le debemos al presidente Alberto Fernández, a la acción del mejor sanitarista de la Argentina como Ginés González García y a su inmediata colaboradora, la hoy ministra, Carla Vizzotti.

Nos quedamos sin uno de los mejores ministros, un demasiado alto precio. “No hay peor mentira que una verdad a medias”.
Los medios masivos del régimen neoliberal, meterán la cola del diablo con su opereta, y…solo Dios perdona.

Al menos así, lo veo yo.
 

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