
La gestión de Javier Milei ha estado marcada por una constante renovación de funcionarios, tanto en lo discursivo como en la estructura del gobierno. En este proceso de «motosierra» al alto funcionariado, una de las salidas más destacadas fue la de su jefe de gabinete, Nicolás Posse, quien no logró completar seis meses en el cargo. Esta salida, a su vez, generó una cadena de reacomodamientos en el gabinete, lo que permitió que el asesor Santiago Caputo ganara una mayor influencia, a pesar de estar contratado de manera precaria. Caputo pasó a formar parte de lo que algunos analistas denominan el “triángulo de hierro” de la gestión.
El dinamismo del gobierno de Milei se refleja en una incesante rotación de funcionarios, con renuncias incluso durante los primeros días de diciembre. Un ejemplo fue la salida de Belén Stettler, quien había sido la secretaria de Comunicación. Aunque estuvo vinculada a Milei desde su rol en la consultoría política, volvió a la Casa Rosada en septiembre para ocupar el área de comunicación, aunque sin cargo formal. Más recientemente, la renuncia de Florencia Misrahi, titular de ARCA (Agencia de Recaudación y Control Aduanero), sorprendió al entorno político. Misrahi venía siendo cuestionada por la mesa chica del presidente, lo que finalmente llevó a su salida.
Según el consultor Pablo Salinas, hasta el momento han renunciado 94 funcionarios de relevancia en el gobierno de Milei. El último de ellos fue Darío Oscar Arrué, quien renunció al cargo de titular del ENRE (Ente Nacional Regulador de la Electricidad) el 2 de diciembre. Estos cambios reflejan un patrón en la administración de Milei, que ha priorizado la renovación constante y el ajuste del gabinete en función de su visión política.
Fuente: Clarín