En redes sociales crece una tendencia que enciende señales de alerta: influencers y creadores de contenido que promueven ayunos extremos, incluso de hasta cinco días seguidos, compartiendo videos con experiencias personales, “tips” y recomendaciones sin ningún tipo de supervisión profesional. La práctica, presentada como una vía rápida hacia la salud o el “bienestar”, puede esconder riesgos graves para el organismo.
Para analizar este fenómeno, La Red dialogó con el nutricionista Elías Selemin (MP 4226 – MN 10786), quien explicó que desde la nutrición el ayuno “es la abstinencia voluntaria de alimentos por un período específico”, pero que no todas sus formas son iguales ni tienen el mismo impacto. En ese sentido, diferenció el ayuno intermitente, que se basa en ciclos de alimentación y ayuno dentro de un mismo día o semana, como el esquema 16/8 o los días alternos, del ayuno prolongado, que supera las 24 o 48 horas y lleva al cuerpo a estados metabólicos mucho más profundos.
“El ayuno intermitente busca generar flexibilidad metabólica”, señaló, mientras que el ayuno prolongado provoca una cetosis marcada y procesos de renovación celular más intensos, “pero también conlleva un estrés fisiológico mucho mayor”.
Cuando se realiza de forma responsable y en personas adecuadas, el ayuno puede tener efectos positivos: mejora la sensibilidad a la insulina, activa procesos de autofagia, una especie de “limpieza celular”, reduce la inflamación sistémica y puede favorecer la salud cardiovascular. Sin embargo, esos beneficios no implican que “más sea mejor”.
Selemin advirtió que en una persona sana los riesgos empiezan a volverse relevantes después de las 48 a 72 horas sin comer. A corto plazo pueden aparecer hambre intensa, irritabilidad o dolor de cabeza, pero a partir de los tres días aumentan notablemente los peligros de desequilibrios electrolíticos y pérdida de masa muscular si no existe seguimiento médico.
Los riesgos de los ayunos de cinco días
El especialista fue contundente al referirse a los ayunos de cinco días o más realizados por cuenta propia, que son los recomendados por varios influencers a través de las redes sociales “Son peligrosos porque pueden desencadenar consecuencias graves”, afirmó. Entre ellas destacó el síndrome de realimentación, considerado el riesgo más serio: ocurre cuando, al volver a comer, los cambios bruscos de insulina generan colapsos electrolíticos que pueden ser fatales.
A esto se suman la sarcopenia acelerada, cuando el cuerpo degrada músculo para obtener energía, alteraciones hormonales que pueden afectar el ciclo menstrual y la tiroides, e incluso hipoglucemias severas capaces de provocar desmayos.
El rol peligroso de los influencers
Para Selemin, el problema no es solo la práctica en sí, sino el modo en que se difunde en redes. “El mensaje de los influencers es peligroso porque despoja a la nutrición de su contexto clínico”, sostuvo. En plataformas digitales se instala la lógica de “cuanto más, mejor”, sin contemplar que cada organismo responde de manera distinta. Además, se omiten los efectos secundarios, generando una falsa sensación de seguridad.
Pero el riesgo más profundo es otro: “Estos discursos pueden funcionar como disparadores de Trastornos de la Conducta Alimentaria, camuflando la restricción extrema como si fuera salud”.
El nutricionista enumeró una serie de síntomas que obligan a suspender el ayuno y consultar de inmediato: palpitaciones o arritmias, mareos intensos o desmayos, confusión mental, vómitos, dolor abdominal severo o debilidad extrema que impide moverse con normalidad.
Además, advirtió que existen grupos que no deben ayunar bajo ningún concepto: mujeres embarazadas o en lactancia, niños y adolescentes, personas con antecedentes de trastornos alimentarios, individuos con bajo peso y pacientes con diabetes tipo 1 o que toman medicación que requiere ajuste médico.
Cómo hacerlo de manera responsable
Si alguien decide experimentar con el ayuno, Selemin recomienda que sea intermitente y bajo pautas claras: priorizar la hidratación, no usar la ventana de comida para atracones de ultraprocesados, escuchar al cuerpo y suspender ante cualquier malestar, y, sobre todo, consultar a un profesional.
También subrayó que existen alternativas más seguras y efectivas para mejorar la salud: una alimentación basada en comida real, el entrenamiento de fuerza, una restricción calórica moderada y la crononutrición, como cenar más temprano y dejar al menos 12 horas hasta el desayuno.
Finalmente, el especialista marcó una diferencia clave: “Si una estrategia hace que el cuerpo funcione mejor, hablamos de salud. Si solo cambia la apariencia pero empeora el bienestar, ya no es salud”. En ese sentido, el ayuno no es una obligación ni una solución mágica. “Es una herramienta, no una respuesta universal. La salud se construye con lo que comemos, no solo con lo que dejamos de comer”, concluyó.
