El sector textil argentino atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Así lo advirtió Luciano Galfione, presidente de Pro Tejer, quien en diálogo con La Red describió un panorama marcado por cierres de empresas, pérdida de empleo y caída del consumo.
La industria opera actualmente con menos del 30% de su capacidad instalada y con rentabilidad negativa, una situación que obliga a muchas compañías a liquidar stock para afrontar los costos fijos.
“Si tendría que trazar un panorama del sector textil argentino, se podría decir que atraviesa una crisis sin precedentes. Hoy estamos atravesando una situación de una envergadura que yo no recuerdo, ni siquiera comparable con el 2001. Yo diría que estamos casi como en la misma situación de la pandemia”, aseguró Galfione.
El dirigente empresario remarcó que la crisis ya tiene consecuencias concretas en el entramado productivo del país. “Tenemos más de 500 empresas con cierres y hemos perdido más de 15.000 puestos de trabajo. Todos los días alguna empresa está despidiendo trabajadores, suspendiendo personal o directamente cerrando”, señaló.
“Esto es producto de una caída muy considerable del consumo que se prolonga en el tiempo, pero además se agrava con la facilitación de las importaciones. Si a una baja tan pronunciada del consumo le sumamos bajar impuestos a las importaciones, es sobre llovido mojado”, afirmó.
“Básicamente es bajarle los impuestos a los chinos, para que se entienda claramente de qué estamos hablando. Y eso, lejos de bajarnos los costos a quienes producimos en la Argentina y damos empleo, nos pone en una situación de absoluta desventaja”, sostuvo.
Galfione también planteó que el problema de la competitividad no depende únicamente de las empresas industriales, sino de variables macroeconómicas. “Cuando se habla de la industria pareciera que somos los malos de la película, pero la competitividad la hace un país con su macroeconomía”, explicó.
Como ejemplo, comparó las condiciones financieras de Argentina con las del resto del mundo. “El mundo se endeuda al 3% y la Argentina tiene una tasa de interés del 40%. Ya está, ya me quedé afuera del mundo. La inflación es diez veces la del resto del mundo. Con solo esas dos variables ya estamos fuera de competencia”, remarcó.
“Tenemos un dólar planchado hace dos años con una inflación del 40 al 60%. Nuestros costos suben en ese orden y cada vez es más barato importar”, explicó.
El titular de Pro Tejer rechazó además la idea de que los altos precios de la ropa en Argentina se deban a la producción nacional: “El problema no está en la producción. El precio final lo explican los impuestos, la tasa de interés, los alquileres, la logística y todos los eslabones de la cadena”, afirmó.
Como ejemplo, mencionó el mercado del calzado: “Hoy prácticamente no se fabrican más zapatillas en la Argentina, son todas de Vietnam. Sin embargo, que alguien vaya a un shopping y compare precios con los de Estados Unidos. Las zapatillas no bajaron lo que se decía que iban a bajar”, sostuvo.
“En la Argentina no es solo cara la ropa: son caros los autos, la comida, los útiles escolares, todo es caro. La ropa se nota más porque es algo que todos usamos y además se puede traer en la valija cuando alguien viaja”, explicó.
El empresario también cuestionó que el crecimiento económico se mida únicamente por indicadores macro sin considerar el impacto en el empleo. “La economía puede crecer en números, pero la gente pierde el trabajo”, advirtió.
Consultado sobre la posibilidad de que una reforma laboral impulse nuevas contrataciones, Galfione fue tajante. “En este momento lo único que están haciendo nuestros empresarios es ver cómo pagan las quincenas, los 20 y los 5 de cada mes”, señaló.
«Salir a proponerles que contraten personal hoy es imposible. Lo único que estamos tratando de hacer es salvar nuestras empresas”, concluyó.
