En La Rioja, donde la tierra es seca pero fértil en resistencias, y las personas son duras por el sol ardiente, brota una nueva forma de sanar. No desde un laboratorio ni una receta médica, sino desde los lazos y la comunidad. Desde el arte, la ternura y el monte. Se llama Fundación YacuYas, y detrás de su nombre —una fusión de Yacurmana, deidad diaguita del agua, y Yastay, guardián del monte— late una filosofía: sin agua no hay vida, sin comunidad no hay cura.
Landriel Oviedo, activista y artivista riojana, habla con la serenidad de quien aprendió a transformar la herida en semilla. “La Fundación YacuYas nació de un proceso de acciones”, dijo en diálogo con La Red. Antes de la formalidad jurídica de la fundación hubo cuerpo, calle y memoria. Hubo compañeras. “Veníamos con Yacurmana y otras compañeras trans haciendo acciones vinculadas al proyecto archivístico Raíces Transriojanas, recuperando la memoria del archivo trans de La Rioja. También trabajando temas de VIH, acompañadas por la ONG Poleas. Pero necesitábamos un marco para crecer. Así nació YacuYas.”
El verbo curar aparece una y otra vez en su relato. Pero curar, aclara, no es eliminar un virus. Es “restaurar la dignidad”, como explican en las publicaciones de sus redes sociales. Es sanar la memoria colectiva de una comunidad atravesada por violencias históricas.
“Nosotras creemos que la cura no es biomédica. La solución no va a venir de un científico con una fórmula mágica. La cura viene de lo que construimos juntas, desde la esperanza. Porque quien no tiene esperanza no se cura”, dice Landriel.
En ese horizonte, la fundación se prepara para abrir El Chat, un Centro Humanístico, Artístico y Territorial en la capital riojana. Allí habrá consultorios de salud, espacios de contención y una unidad educativa llamada La PULU, en homenaje a la caudilla trans riojana Lorena Zoe Gacetúa, “La Pulu”. El proyecto se teje como un refugio y una trinchera: un lugar donde el cuidado y la educación se piensan como actos políticos.
Para lograr ese objetivo, la agrupación está recaudando fondos. Para más información, podes visitar sus redes sociales.
Arte como forma de incidencia
Para Landriel, el artivismo político no es solo una estética: es una estrategia de sobrevivencia. “El artivismo es la fusión entre el arte y el activismo. Cuando te expresás a través del arte, manifestás emociones, historias, denuncias. Es una forma de hacer política poderosa.” Landriel lleva más de diez años realizando intervenciones callejeras, performances y proyectos que mezclan arte contemporáneo con memoria y acción territorial.
Hablar de ternura en medio de una época saturada de violencia parece casi un acto subversivo. Pero para YacuYas, la ternura es una herramienta política. “La ternura política es acompañar procesos que hagan sentir a las personas que pueden”, explica Landriel.
Frente a los discursos de odio que se multiplican, YacuYas responde con gestos cooperativos, con alianzas sur-sur, con una mirada situada en el territorio. “Entendemos que las respuestas no están en el norte global. Están acá, en el sur, en nuestras comunidades, en lo que construimos desde el afecto y la reciprocidad con la Pacha.”
El cuidado, dice Landriel, empieza con lo más mínimo: “Desde el momento en que te lavás la cara y tomás conciencia de que empieza el día.” Pero se extiende a la forma en que alimentamos el cuerpo, el agua, la palabra. Cuidar es un gesto integral.
Por eso, en El Chat, además de atención en salud mental, se enseñarán oficios vinculados a la sustentabilidad. “Queremos que las personas que pasen por ahí aprendan a cuidarse, pero también a cuidar el entorno”, señala.
Hoy, la fundación avanza paso a paso, impulsada por donaciones solidarias y una comunidad que crece entre sueños compartidos. “Nuestro mayor desafío es que las personas nos conozcan y quieran sumarse. La Fundación es de todos y para todos.”

