La representación democrática y sus desafíos

¿De qué hablamos cuando hablamos de representación? ¿A qué nos referimos en lo cotidiano cuando la gente, los ciudadanos, el electorado, el soberano, acuña en estos tiempos la expresión: “No me representa“?.

En los últimos años hemos sido testigos de una descomposición del modelo de representación en los distintos esquemas de democracias formales, principalmente los modelos occidentales. Como sabemos, en las democracias representativas el pueblo ejerce el poder a través de sus representantes, una de las características de las democracias delegativas, es que siempre fueron democracias de baja intensidad. Ese fenómeno se fue agudizando dejando cada vez más en evidencia, que el modelo lejos de representar los intereses del soberano, el único interés que prioriza es el del establishment, pero que en la conquista de demandas y en la ampliación de derechos de la sociedad civil esto fue generando tensiones, principalmente en las democracias latinoamericanas.

Si bien lo que nos interesa analizar es la representación política, es importante notar que la categoría de la representación se ha ido erosionando en los distintos ámbitos sociales y comunitarios, principalmente las instituciones. Estas fueron alejándose del imaginario por las que surgieron o buscaron representar, en las religiones, en lo social como la familia, en lo gremial, en el deporte, en la cultura, etc. El vaciamiento del sentido de los fenómenos a los cuales se construye esa representación, fue sistemáticamente vaciado por la lógica de un sistema que todo lo expropia y lo mercantiliza, pero también por la resistencia a esa dinámica de subordinar todo lo que el capital toca.

El debate en relación a la representación en general, y en particular la política, es un debate abierto, necesario y urgente. Hoy estamos atravesados por una coyuntura histórica que es bisagra en la definición de un conjunto de acciones que vienen cristalizándose, modelos anacrónicos de lo social e institucional, y a su vez se va abriendo un proceso constituyente.

Las distintas gestiones tienen una responsabilidad en ese sentido, y más en una coyuntura electoral. Cuánto se corporativiza la política, dejando la representación en una acción estéril, sin ningún marco de contención en las demandas populares, pierde la democracia y la política, dejando expuesto a los sectores más vulnerables. Sumado que en la ausencia o la pérdida de eficacia de esa representación empieza ser llenada por sectores reaccionarios, pero cuyo relato de odio tiene una penetración en un electorado defraudado y traicionado.

Transitamos un contexto donde la política se convirtió en una mala palabra, y gran parte de los sectores progresistas y populares quedan atrapados en esa descalificación, sin capacidad de reflejo de cómo efectivamente recuperar la dinámica de la política con un sentido del bien común, que busque construir no sólo las representaciones rotas y traicionadas sino la representación de un conjunto de sectores, minorías, etc. Demandas que requieren representación, y es importante aclarar que la representación no es sustitución del movimiento.

Por lo tanto, la tarea es desarrollar la capacidad de interpretación de esos sentires que una sociedad compleja y diversa empieza a tener y a demandar.

Claramente, en nuestra provincia la representación y la búsqueda de legitimidad de la política no es una preocupación, ya que la forma en que ejercieron las gestiones estos años son el botón de muestra de tal referencia. Pero también es importante marcar, que la caracterización que hacen tanto el oficialismo como la oposición, concluyen que goza de buena salud. Así, lo denota la ausencia de críticas frente a la firma de decreto a la nueva convocatoria de las elecciones provinciales, la cual recurre a las reglas de juego electorales maliciosas y viciadas, a pesar de las promesas del gobierno de Ricardo Quintela de modificarlas. Claro está que para el oficialismo es modificar un modus operandi que le permitió gobernar la provincia todos estos años.

Lo que se juega en las próximas elecciones, es la principal referencia de la representación política democrática, los representantes del poder legislativo.

La representación nacional y provincial se ponen en consideración, a nivel nacional el oficialismo encolumnado en el Frente de Todos se juega la mayoría de la cámara de diputados y con ello las políticas federales, principalmente en relación a la negociación de la deuda, el resguardo y avance de derechos, tanto económicos como sociales, y la resistencia a la avanzada neoliberal con características abiertamente reaccionarias.

En nuestra provincia se elige, en la cámara de diputados provincial, la mitad de los representantes, y con ello la posibilidad que el poder legislativo recupere el sentido de los representantes del pueblo, convirtiéndose en una caja de resonancia de las problemáticas y demandas que vive la gente. O la continuidad que ha desarrollado todos estos años, que es ser una escribanía de los intereses del ejecutivo de turno.

Hoy como producto de las tensiones internas del propio oficialismo en nuestra provincia, se abre la posibilidad, como nunca antes, de recuperar la cámara en una herramienta de la democracia donde las demandas y necesidades del conjunto de la ciudadanía se reflejen en sus recintos, donde se ejerza el control de la gestión, donde se proponga y debata las iniciativas que superen agendas desfasadas de la realidad y se ponga en valor la imperiosa necesidad de discutir qué provincia queremos para los riojanos y riojanas, cuáles deben ser los ejes de prioridad de la política pública, sobre qué esquema productivo debe desarrollarse, cómo distribuir sus recursos, cuál es el valor de los servicios públicos y esenciales para la comunidad, etc.

Por ello es que tanto nuestra responsabilidad como electores y la tarea de los sectores políticos y los referentes que ejercen la práctica institucional, a pesar de lo viciado y las fallas de garantía para la contienda electoral, es seguir convocando la participación de la sociedad, ya que la importancia de lo que se debate en la cámara de diputados atraviesa la aprobación de los presupuestos, la definición de los jueces, la definición de la explotación de los recursos naturales, por nombrar algunos ejes, y el 90 % de las decisiones ejecutivas de la gestión.