Elecciones PASO: La agenda de campaña y su divorcio de la realidad

A 10 años de haber sido utilizadas por primera vez y en medio de la pandemia, la ciudadanía se prepara para votar este 12 de septiembre. En su nueva columna, Fernando Gómez analiza el contexto social y económico en el que se desarrollarán los comicios y repara en la "ausencia de propuestas y proyectos de los candidatos". Además reflexiona sobre la falta de una representación que brinde soluciones a las demandas urgentes de la comunidad.

Transitamos los últimos días de campaña hacia las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, en un contexto complejo marcado por la pandemia, por la situación de inestabilidad económica, con graves problemas de empleo y endeudamiento, sumado a  otros elementos de una crisis sin precedentes; pero lo que más genera preocupación, hoy por hoy, es la vulnerabilidad democrática en la que nos encausamos si los principales partidos del país dejan de debatir proyectos y modelos alejando al ciudadano de a pie, y consolidando un modelo electoral donde las ideas no importan, porque pareciera que para “competir” y “tener éxito” basta con las pulsiones sociales a representar, es decir, que un proyecto político quede reducido al reflejo de las pretensiones circunstanciales de sus representados. Entonces los políticos profesionales un día dicen una cosa y otro día dicen otra.

Las elecciones ya realizadas en cuatro provincias como lo fueron Salta, Misiones, Jujuy y Corrientes, arrojaron como resultado la baja participación con un promedio del 58% del  padrón y un porcentaje muy alto de votos en blanco que se ubicó entre el segundo y tercer lugar. Estos antecedentes marcan a las claras que tanto para los partidos tradicionales como para esta nueva forma de hacer política electoral, el voto y los sistemas electorales han dejado de interpelar a la ciudadanía. Por lo tanto podemos decir que en estas nuevas elecciones P.A.S.O., no sólo se van a poner en consideraciones las gestiones, sino que se va poner en evidencia qué está pasando con la política, sus métodos y sus prácticas hasta aquí utilizadas.

La clase política local parece haber hecho todos los deberes para alcanzar estos niveles de rechazo. Pero si observamos con una mirada más amplia, vemos que en realidad es un fenómeno mundial, arrastrada por la crisis del sistema capitalista y su incapacidad cada vez mayor para dar repuestas, es decir, se va demostrando que su forma de explotar los recursos, producir y distribuir, como así también el sistema político e institucional que lo reglamenta, se encuentra en franca descomposición.

Las elecciones PASO son, asimismo, un termómetro social o una gran encuesta que tendrá a la apatía electoral como la principal protagonista, expresando la no participación que se puede manifestar en no ir a votar, en impugnar el voto, en votar en blanco e inclusive ese voto bronca se va a expresar por los extremos (la nueva derecha) en diferentes distritos. 

Esta baja participación en los comicios intenta poner en agenda la difícil situación que atraviesa el pueblo trabajador y el divorcio de los partidos tradicionales con la realidad: con el  50% de la población por debajo de la línea de la pobreza, la indigencia que creció a dos dígitos, 6 de cada 10 niñxs son pobres, el poder adquisitivo del asalariado cayó estrepitosamente, con una inflación anual del 50% y que no parece controlarse, los precios sin techo, la desocupación en aumento, con una deuda externa que creció al 90% del PBI, y que su negociación va a condicionar las políticas por los próximos 20 años.

Sin embargo, los partidos principalmente hegemónicos parecen estar actuando de forma corporativa, centrados en convocar a sus núcleos duros a las urnas, por eso la carencia de ideas y de propuestas para los problemas reales. Lo preocupante de esta actitud por parte del oficialismo, principalmente, pero de todos los partidos en general, es que su falta de propuestas y su tolerancia a los intolerantes viene siendo el caldo de cultivo para el fomento de espacios fascistas, que impulsados por fuertes dispositivos de comunicación van inoculando y legitimando un discurso de odio.

En nuestra provincia, la dirigencia se muestra con una importante desconexión de la realidad, no muy distinto a lo que está ocurriendo en el resto de las provincias y al debate nacional, impuesto por los medios oficiales y opositores. Si nos preguntamos qué se vota, hay un porcentaje importante que se está enterando que tiene que votar, por lo que desde ese nivel de información hasta qué propuesta tiene cada pre-candidato/a, hay un abismo. Pero a eso hay que sumarle que en general, tanto por el oficialismo como por la oposición, hay una carencia importante de iniciativas. Si nos preguntamos una semana antes de las elecciones cuál fue el tema instalado por el debate de campaña, no tendría mucha respuesta a esa pregunta más que chicanas, sonrisas falsas, y la dádiva como método de interpelación política.  

El oficialismo seguramente intentará por todos los medios y recursos hacer los deberes para la gestión nacional, eso es, conseguir todos los votos de participación posibles, pero buscará a su vez alcanzar el mayor porcentaje para quedarse con las dos bancas de diputados, subestimando a la oposición, ya que hizo la tarea de dividirla apelando a la caja y la vieja táctica: divide y reinarás. 

Es de público conocimiento el malestar que género en los distintos sectores que conforman la coalición oficialista el método para la conformación de la lista,  es posible que ese malestar emerja para las elecciones generales y sobre todo para la conformación de los diputados provinciales, si el resultado no es el esperado. En este sentido hay una clara tensión con la vicegobernadora y el oficialismo entiende que su  interna con otras tendencias del peronismo y su legitimidad se ordenarán con un buen caudal de votos, ayudando a ordenar el patio interno, y para eso necesita un porcentaje mayor al 50% de los votos positivos.

Más allá de las especulaciones del oficialismo, y las limitaciones de estadistas de la oposición, sumado a las carencias de los espacios minoritarios, el electorado en nuestra provincia nuevamente se queda sin opciones. Si tomamos como referencia las últimas elecciones PASO del 2019 observamos que la primera fuerza no fue el oficialismo con una victoria contundente sino que fue el voto en blanco con 78.636 votos (37,71%) de los sufragios, siguiéndole el oficialismo con 66.981 votos y la oposición con 57.026.

Es más que evidente que en las próximas elecciones del domingo 12 de septiembre, la política de la construcción del bien común será una víctima más de “La Rioja de los hechos consumados” como así también la agenda de la gente y sus demandas urgentes.

A pesar de lo analizado, la respuesta a estas limitaciones es siempre la participación y el compromiso desde la mirada crítica, pudiendo hacer de la bronca una propuesta alternativa, cuestionando las prácticas que nos empujaron a este lugar pero preservando, por sobre todo, el sistema democrático que nos pertenece. Por eso, vayamos a votar y expresarnos, para darle el valor a esta asamblea multitudinaria que son las elecciones generales.