El pueblo se expresó en las urnas, un saludable ejercicio democrático

En su nueva columna de opinión, Fernando Gómez analiza los resultados nacionales de las elecciones PASO 2021.

Finalmente el resultado de las primarias partidarias que se realizaron el pasado 12 de Septiembre terminó por poner sobre la agenda política la difícil situación económica que vive nuestro país, con una derrota contundente del Frente de Todos a nivel nacional, atravesando una semana más que difícil para la coalición tras la crisis interna desatada por la derrota.

Si bien uno de los principales desafíos que tuvo la gestión en general fue animar al electorado a la participación, esto no se logró ya que terminó siendo el porcentaje más bajo de los últimos años con el 67,5% de concurrencia desde que las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias existen. En ese sentido, el resultado de las PASO constituye un gran instrumento que nos permite medir el ánimo social y evaluar las gestiones en marcha y que, en esta oportunidad, castigó a la coalición peronista llevándola a sufrir la peor derrota electoral de su historia.

El golpe que sufrió en las urnas el Frente de Todos fue tan contundente que todos los actores con los que competía canalizaron ese descontento y llevaron agua para su molino, es así que en varios distritos se impuso el abstencionismo y el voto en blanco, mientras que en distintas provincias ese voto se canalizó a través de coaliciones opositoras. 

Aunque también parecería haberse expresado un cuestionamiento y hartazgo a las dos coaliciones de la grieta en un gran porcentaje de la población porque todavía está fresca en la memoria la gestión Macrista y el rechazo a la administración económica del FDT. Entonces, mientras una coalición se consolidó a pesar de su pasado ominoso, la coalición peronista perdió alrededor de cinco millones de votos porque hay un contrato social firmado en 2019 que el FDT no está honrando. 

La situación económica y social de nuestro país es muy angustiante, con la mitad de la población bajo la línea de la pobreza, con una situación objetiva de hambre, desocupación y pérdida del poder adquisitivo que no parece encontrar salida ni tampoco respuestas inmediatas por parte del gobierno. 

Es por eso que toda la bronca contra las políticas económicas se expresó en las urnas de manera democrática. Es importante remarcar esta expresión popular, entendiendo también las consecuencias del aislamiento, donde la cuarentena para la prevención del COVID19  restringió la calle como método de expresión, espacio natural donde el pueblo argentino manifiesta sus broncas y conquista sus derechos.

Múltiples declaraciones de los responsables de la derrota electoral concluyen principalmente que el problema es lo económico, y esbozando un simplismo enajenado interpretan que poniendo plata en el bolsillo de la gente se alcanzará a revertir el resultado en noviembre. Lo más preocupante de esta lógica es pretender que con esa medida (necesaria) se resolverá la gobernabilidad, sin entender que el problema aquí es POLÍTICO, centrado en que si la política y su sistema de organización institucional pueden resolver los problemas concretos o no.  En la ausencia de esta repuesta, se amplifican los discursos de odio y fragmentación social.

Por su parte, la coalición opositora Juntos por el Cambio logró retener el caudal de votos logrados en 2019, en  gran parte por la renovación de sus figuras y la realización de internas en varios puntos del país, permitiéndole no sólo ganar en provincias claves como el conurbano sino imponer nuevos liderazgos como el de Horacio Rodríguez Larreta, que oxigenan y reciclan la propuesta cambiemista, sacando el foco de atención de la desastrosa gestión neoliberal de Mauricio Macri.

Además, otras de las variantes que pudo captar el descontento con el oficialismo peronista fue la coalición encabezaba por Javier Milei, arrojando la falsa interpretación que la sociedad se ha “derechizado” en el sentido en que está optando por legitimar expresiones conservadoras y de derecha, cuando en realidad es la acción más sencilla para culpar al pueblo de las pulsaciones electorales, no asumiendo que quienes ven temerosos/as el crecimiento de estas narrativas de derecha, tienen la responsabilidad política de gestionar y construir un proyecto superador al rancio liberalismo Argentino. En ese sentido, sobran las interpretaciones desviacionistas y falta la autocrítica.

El pueblo Argentino dentro del marco democrático y las reglas de juego establecidas, que muchas veces son amañadas y viciadas, ha ejercido su voluntad. Una ciudadanía cansada del constante ajuste, que busca expresarse como puede, y que no sólo no se derechizó sino que sigue reclamando lo mismo que en el 2019: más derechos y mejores condiciones de vida.

Del golpe electoral a la crisis política
Luego del golpe electoral, el Frente de Todos no alcanzó a interpretar el mensaje de las urnas, procrastinando la renovación de su gabinete y desarrollando durante varios días un debate público y a viva voz sobre quién o qué es el responsable de tan contundente derrota, generando más zozobra e incertidumbre institucional, demostrando su incapacidad de articulación con aquellos sectores diversos y heterogéneos (muestra de ello fue no permitir internas en varios distritos).

Recordemos que como primera experiencia histórica dentro de la coalición, hay sectores con peso propio y específico, desde los varones del conurbano, la liga de gobernadores, los movimientos sociales, el kirchnerismo, etc., hay una insoslayable gobernabilidad colegiada, de las cuales uno de sus espacios- el partido justicialista- nunca lo terminó de entender o asumir, y  la inercia de sus lógicas no llegan a interpretar la dinámica actual. Ejemplo de esta lógica fue la decisión política de que Alberto Fernández asuma la presidencia del PJ, o las intenciones de la CGT, para relanzar el gobierno sin el ala Kirchnerista. 

Pasando los fuegos cruzados entre una y otra operación de prensa, más la insistencia pública por parte de la vicepresidenta a renovar el gabinete y relanzar el gobierno con nuevas medidas sociales, se conformó un nuevo gabinete que lejos de interpretar la necesidad de mayor contención de los sectores progresistas, apela a lo más clásico del PJ tradicional, amparados en un supuesto apoyo de los gobernadores, principalmente los pocos ganadores del FdT durante las PASO, marcando una relevancia en el norte grande con Salta, Tucumán, Catamarca, San Juan y La Rioja.

Aparte de fortalecer un esquema feudal que queda sintetizado en la imagen del cuestionado  Juan Manzur, gobernador de Tucumán y ahora jefe de gabinete, un fiel representante de ese Norte feudal que a fuerza de clientelismo viene ganando cada una de las elecciones.

También, y no es menor, el nombramiento de Aníbal Fernández. Una figura muy controversial en general, pero que tiene una sostenida polémica con algunos movimientos sociales a partir de su responsabilidad política en la masacre de Avellaneda que terminó con el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.

Tampoco es menor, y menos un detalle, la no paridad en los cargos ya que el organigrama ministerial estará integrado con más del 90 por ciento de presencias masculinas, alejándose aún más de la igualdad de género que se prometió durante la campaña. Es decir, la respuesta esbozada hasta el momento para este complejo escenario político, se resuelve con el más viejo  y experimentado ejercicio del poder pejotista, y si antes gran parte de los sectores progresistas que acompañaban al FdT votaban apretando los dientes, hoy se sienten fuera de toda gravitación política y representación ministerial.

El tránsito de los casi dos meses hasta las generales van a ser largos y plagados de operaciones de uno y otro sector, serán tiempos de mucho dinamismo en términos políticos, el presupuesto 2022 ya fue presentado y no hay diferencia con las proyecciones del 2021, aunque también la negociación con el FMI aún sigue latente como una soga en el cuello. El gobierno todavía tiene la oportunidad de reconstruirse y honrar el mandato con el que triunfó en el 2019. 

Serán tiempos de reacomodamiento y de mucha reflexión.