A 46 años del crimen de Angelelli, mártir asesinado por la dictadura

El 4 de agosto de 1976, monseñor Angelelli era asesinado a manos de efectivos del Tercer Cuerpo de Ejército, comandado por el genocida Mario Benjamín Menéndez, que fraguaron su muerte como un accidente automovilístico. En este sentido, La Red realizó un recorrido por obra y vida del obispo mártir asesinado por la dictadura.

Enrique Ángel Angelelli  nació en 1.923 en Córdoba, fue el primero de tres hijos de un matrimonio de inmigrantes italianos agricultores llamados Juan Angelelli y Celina Carletti. A los 15 años entró al Seminario Metropolitano Nuestra Señora de Loreto. Al iniciar el segundo año de teología fue enviado a Roma para completar sus estudios.

Fue licenciado en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, se ordenó sacerdote en 1.949. De regreso a Córdoba comenzó su labor pastoral como Vicario Cooperador en la Parroquia San José de Alberdi y como Capellán del Hospital de Clínicas.

En 1.968 fue enviado como obispo a La Rioja, una provincia empobrecida y mayormente rural, en oposición a la dinámica e industrializada Córdoba. A su nueva Diócesis, Angelelli llevó los principios del Concilio Vaticano II, junto con su estilo llano, poco jerárquico, de estrecha relación con sus fieles.

 

Su compromiso con la tarea pastoral

En función de esta tarea pastoral, el Vaticano lo designó un año después como arzobispo auxiliar de la provincia, y una de sus primeras medidas consistió en ordenar que los seminaristas se hicieran presentes en los barrios obreros para tomar contacto con la realidad.

Angelelli propició desde su Diócesis la conformación de grupos de laicos comprometidos con los sectores populares de Córdoba.

Esas actividades y sus enfrentamientos con la jerarquía encabezada por el nuncio apostólico Humberto Mozzoni y el cardenal Antonio Caggiano le valieron que en 1968 se le asignase la Diócesis de La Rioja.

Con un estilo franco, llano y directo, el religioso vinculó desde los comienzos su tarea pastoral con los sectores más humildes de la provincia.

Trabajó de forma activa para propiciar la organización de los trabajadores agrícolas, los mineros y las empleadas de servicio doméstico.

 

Su popularidad era tan grande entre los humildes, que sus misas dominicales desde la catedral de la capital riojana eran transmitidas por radio para toda la provincia.

A pesar del malestar que sus postulados causaban a los interventores militares de La Rioja, en los tiempos en los cuales el país era gobernado por el dictador Juan Carlos Onganía, la popularidad de Angelelli crecía entre los sectores de la Iglesia.

En esa Argentina que vivía un contexto de creciente movilización social y política contra la dictadura que se expresaba en huelgas, manifestaciones y acciones armadas, el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (MSTM) postulaba la teoría de la liberación de los oprimidos y profundizaba el conflicto con las autoridades de la Iglesia.

Aunque no integraba este movimiento, Angelelli proponía desde La Rioja un diálogo con estos sectores, una postura que irritó aún más al sector integrista de la Iglesia encabezados por los obispos Adolfo Tortolo y José Miguel Medina.

En 1973, Carlos Menem, quien años más tarde sería electo presidente de Argentina, se consagró gobernador de la Rioja y las relaciones entre Angelelli y esta familia poseedora de viñedos en el pueblo de Anillaco no estuvieron exentas de conflictos.

Inminente final

Angelelli señalaban que lo más aberrante de la persecución de que era objeto y de las torturas y asesinatos de miembros de la iglesia es que eran alimentados en nombre de la Fe, do del odio hacia ella: “No podemos entender que desde la Fe se pueda hacer esto (…) No entiendo como esos hombres pueden tomar a sus semejante y diciéndose cristianos despedazarlos y triturarlos. Rogamos que Dios no permita que los que han maquinado crean que lo han hecho en nombre de la fe, sería una aberración. Existen en la Iglesia personas que han usurpado temerariamente la misión de custodiar la fuerza de nuestra religión.

El comienzo del final

Con motivo de la aparición sin vida de los sacerdotes Gabriel Longeville y Carlos de Dios Murias, Angelelli viajó a Chamical donde elaboró un informe en base a su propia investigación. Esos datos forman parte de las famosas carpetas de las que aún hoy se habla.

El 4 de agosto de 1976, después del mediodía Angelelli salió de la localidad de Chamical hacia La Rioja, conduciendo la camioneta del obispado acompañado por el padre Arturo Pinto, llevando consigo una carpeta con pruebas y testimonios del secuestro, tortura y asesinato de los padres Longueville y Murias.

Fueron perseguidos por un coche de color claro que los alcanzó en Punta de los Llanos, donde se les fue encima a gran velocidad y los encerró provocando el vuelco de la camioneta. Angelelli fue sacado del vehículo. Su nuca molida a golpes y lo dejaron tirado sobre el asfalto. Su reloj roto marcaba las tres de la tarde.

La letra judicial del día 19 de junio de 1986 del Juzgado de Instrucción en los Criminal y Correccional N°1 de la Ciudad de La Rioja a cargo del DR. Aldo Fermín Morales decía:

1)      Se resuelve declarar que la muerte de Monseñor Enrique Ángel  Angelelli no obedeció a un accidente de tránsito sino a un homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima.



Fuente: Conociendo Vida y Obra de Angelelli de Alejandra Gabriela Pérez