El presidente del Centro Comercial e Industrial, Juan Keulian, trazó un panorama alarmante sobre la situación del sector. La caída en las ventas, el aumento de los costos fijos y la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores son los principales factores que forzaron el cierre de persianas en los últimos meses.
La recesión económica continúa golpeando con fuerza al sector comercial de La Rioja. Según un relevamiento realizado por el Centro Comercial e Industrial, en los últimos meses se ha registrado el cierre de más de 240 locales comerciales solo en el área de la ciudad capital. La cifra refleja una tendencia que, según los referentes del sector, aún no ha encontrado un piso.
Juan Keulian, titular de la entidad, explicó que esta situación es el resultado de una combinación de factores asfixiantes para el comerciante minorista. «No es solo que la gente no tiene dinero para comprar, sino que los costos fijos como alquileres, energía eléctrica y salarios han subido a un ritmo que el margen de ventas no puede sostener», detalló.
El cierre de negocios se hace evidente al recorrer el micro y macrocentro, donde los carteles de «alquiler» se multiplican en cuadras que antes tenían ocupación plena. Keulian remarcó que muchos de estos comercios eran emprendimientos familiares o de larga trayectoria que no pudieron sobrevivir a la estrepitosa caída del consumo masivo.
«El consumo ha bajado de forma vertical. La gente prioriza estrictamente lo alimentario y ha dejado de lado rubros como indumentaria, calzado y artículos para el hogar, que son los que más están sufriendo», señaló el dirigente mercantil.
Desde el Centro Comercial advirtieron que la falta de medidas de incentivo al consumo y la presión impositiva complican cualquier posibilidad de recuperación a corto plazo. Si bien se han mantenido diálogos con autoridades para buscar paliativos, la realidad del mercado marca una brecha cada vez mayor entre los ingresos de los trabajadores y los precios de los productos.
«Cada local que baja la persiana significa no solo un comerciante que pierde su inversión, sino también puestos de trabajo genuinos que se eliminan del sistema», concluyó Keulian, quien instó a buscar mecanismos que permitan sostener la actividad antes de que el impacto en el empleo local sea aún más profundo.
