La disfunción eréctil dejó de ser un problema asociado casi exclusivamente a los adultos mayores. En los últimos años, cada vez más varones jóvenes, incluso desde los 18 años, consultan por dificultades para lograr o sostener una erección. Así lo advirtió el médico urólogo especializado en sexología Manuel López Seoane, en diálogo con La Red, al señalar que se trata de un fenómeno multifactorial donde confluyen aspectos biológicos, psicológicos y, de manera creciente, culturales y tecnológicos.
El especialista explicó que históricamente siempre existieron jóvenes con este tipo de dificultades, en general asociadas al miedo al desempeño, la inseguridad o situaciones médicas específicas como diabetes, dislipemias o trastornos neurológicos. Sin embargo, lo que cambió en los últimos años es la magnitud del problema y el perfil de los pacientes que consultan.
“Hoy vemos un aumento marcado que no se explica solo por enfermedades, sino por cambios en la forma en que los jóvenes se vinculan con la sexualidad”, sostuvo.
El quiebre de 2020: pandemia, porno y sexo virtual
Con el correr de los años esta problemática comenzó a visibilizarse porque se empezó a hablar del tema, y eso hizo que muchas personas se dieran cuenta de lo que les pasaba. Sin embargo, para López Seoane, el punto de inflexión fue la pandemia. “La pandemia logró que muchos jovenes y personas descubrieran el sexo virtual”: El aislamiento y la virtualización de los vínculos aceleraron el consumo de pornografía y el uso del llamado “sexo virtual”, tanto en plataformas de videos como en servicios interactivos como OnlyFans, Cam4 o Chaturbate. Allí no solo se accede a contenido erótico, sino que se participa de un intercambio directo, en tiempo real, muchas veces mediado por dinero.
Este nuevo tipo de pornografía, más centrado en el erotismo, libre en su acceso y en estímulos visuales intensos, genera, según el médico, un acostumbramiento del cerebro a niveles muy altos de excitación. A través de la liberación constante de dopamina, el sistema nervioso se adapta a una estimulación “nivel 10”. El problema aparece cuando ese joven se acostumbró a esos niveles de estimulación, y al encontrarse con una persona real descubre tiempos, límites, inseguridades y ritmos propios: “La dopamina ya no alcanza, no se libera como antes, y entonces la erección no aparece o se pierde rápidamente”, explicó.
Este mecanismo, descrito en investigaciones previas a la pandemia, se potenció con el acceso libre y constante a contenidos sexuales desde edades cada vez más tempranas. “Hoy, adolescentes de 13 o 14 años consumen pornografía de manera cotidiana desde sus teléfonos”, indicó el médico.
Estrés, ansiedad y presión por “rendir”
A este escenario se suman el estrés, la ansiedad y los mitos sobre el rendimiento sexual. “Hay mitos que se los tiene establecidos como ideales”, indicó el doctor, y aseguró que muchos jóvenes llegan a la consulta convencidos de que deben cumplir ciertos estándares: duración, tamaño, dureza o desempeño “perfecto”. Cuando sienten que no alcanzan esos parámetros, se instala la inseguridad, baja la autoestima y se activa un círculo de miedo al fracaso que termina bloqueando la respuesta sexual.
“Por otro lado, hay que hacer notar que no todos vamos a funcionar con todas las personas que tengamos como parámetro que son de nuestro gusto. La gente cree que con cualquier persona debería funcionar, y no es así”, explicó López Seoane. Existen afinidades, atracciones químicas y emocionales, las llamadas feromonas, que influyen en el deseo. No todas las parejas generan el mismo nivel de excitación, y forzarse a responder ante cualquier encuentro puede derivar en frustración y en más ansiedad.
“En una relación sexual lo que deben aprender los chicos es que es un acto que deciden compartir libremente, sin forzarse, y que pueden tener diferentes tipos de respuestas: en ninguna definición dice que deba haber un pene erecto o que tenga que haber una vagina elongada o lubricada, simplemente intercambio de sensaciones placenteras que desean dos personas. Cuando uno parte de esta premisa la relajación puede hacer que la funcionalidad aparezca”, dijo.
Por otro lado, el médico también alertó sobre el impacto del consumo de alcohol, marihuana, drogas sintéticas y algunas combinaciones habituales en fiestas electrónicas. Estas sustancias alteran la respuesta del sistema nervioso y pueden inhibir la erección o volverla inestable. Lo mismo ocurre con ciertos psicofármacos cuando se usan en altas dosis o sin control médico.
Uno de los puntos más críticos que planteó López Seoane es la respuesta del sistema de salud. En muchos casos, frente a un joven que consulta por disfunción eréctil, se prescribe directamente Viagra o fármacos similares. “Hoy los médicos lamentablemente tienen poco tiempo, las consultas son mal pagas y hay que ver muchos pacientes en poco tiempo. Este tipo de pacientes requieren mucho tiempo principalmente para escuchar lo que tienen para decir y poder guiarlos. Eso hace que cuando viene un chico de 20 años que dice que no tiene erección se le recete viagra”.
“Esto genera dos cosas, una que lo tome, no le funcione y genere gran frustración, y otra es que le funcione y la próxima tome otra, y se comienza a una dependencia”, advirtió, y dijo que “Sería un gran error comenzar a darle este tipo de pastillas que soluciona la erección pero no su problema”.
¿Cómo se revierte?
El tratamiento, según el especialista, debe ser integral. El primer paso es reducir o eliminar el consumo de pornografía y de estímulos virtuales de alto impacto. A esto se le debe sumar actividad física, vida social, participación en grupos, deportes o espacios comunitarios que ayuden a romper el aislamiento.
En algunos casos es necesaria la terapia psicológica para trabajar la autoestima, los límites y la ansiedad. Y en situaciones donde hay depresión o eyaculación precoz asociada, puede indicarse medicación específica, siempre bajo control profesional.
También es clave la comunicación con la pareja. “Decir lo que me pasa me quita un peso enorme de encima”, explicó López Seoane. Poder compartir la dificultad permite construir un vínculo más relajado, donde el encuentro no esté centrado únicamente en la erección, sino en el intercambio de placer, afecto y sensaciones.
