La presidenta de la Asociación de Escuelas de Gestión Privada, Verónica Lanfranchi, se refirió a la preocupación por las amenazas en instituciones educativas de distintas provincias, el trabajo preventivo en La Rioja y el rol clave de las familias.
En los últimos días, una serie de amenazas de ataques en escuelas encendió las alarmas a nivel nacional. Solo en Mendoza, el Ministerio Público Fiscal recibió más de 50 denuncias entre el miércoles y el viernes de la semana pasada por posibles matanzas, tiroteos y presencia de armas en establecimientos educativos. Como consecuencia, dos adolescentes —de 16 y 17 años— y la madre de uno de ellos fueron imputados, mientras que otros tres menores fueron identificados como responsables de estos episodios.
En este contexto, La Red dialogó con Verónica Lanfranchi, presidenta de la Asociación de Escuelas de Gestión Privada, quien explicó cómo se trabaja frente a estas situaciones y llevó tranquilidad respecto a la realidad en La Rioja.
Lanfranchi señaló que las instituciones educativas vienen abordando estas problemáticas desde hace tiempo: “Todas las escuelas de la asociación estamos trabajando a la par con el Ministerio de Educación y cada una de sus dependencias. El Ministerio está acompañando fuertemente a todas las instituciones. Se han activado protocolos en algunos de los casos”.
Además, remarcó que no se trata de una problemática nueva: “Se viene trabajando hace mucho, no solamente ahora que ha sido más notorio a nivel país por estas situaciones, retos virales o pintadas”. En ese sentido, detalló que las escuelas desarrollan acciones integrales que incluyen a toda la comunidad educativa: “Trabajamos con los papás para llevar tranquilidad, se realizan talleres, conversatorios, y también se trabaja con los alumnos desde lo didáctico”.
Uno de los ejes centrales es la escucha activa de los estudiantes. “La mayoría de los adolescentes tienen actividades, diálogo en la familia, pero también hay grupos que necesitan expresarse. Aprovechan estos espacios porque es el momento que tienen para ser escuchados”, explicó. Y agregó: “Esto nos pasa todos los días en las escuelas. Los alumnos buscan los gabinetes psicopedagógicos para hablar de sus temas. No es algo nuevo”.
En relación a las amenazas recientes, la titular de la asociación confirmó que algunas instituciones aplicaron protocolos específicos: “Muchas de las escuelas de la provincia han aplicado los protocolos. Incluso hay que tener en cuenta que hay una nueva ley de edad para menores que cometen infracciones, y estas situaciones ya son sancionables”.
Sobre medidas como la requisa de mochilas, aclaró que “eso está dentro de los protocolos” y que cada institución puede implementarlo según sus necesidades y recursos: “El ministerio mandó un protocolo muy amplio y claro, y cada escuela lo aplica de acuerdo a su realidad”.
Lanfranchi también hizo hincapié en una mirada más amplia del fenómeno: “Cuando hablan de violencia escolar, el término está mal utilizado. La violencia es social. A veces la escuela es el lugar donde eclosiona y se hace visible”. En esa línea, advirtió sobre un contexto generalizado: “Venimos de una sociedad bastante violenta. Desde las redes, la televisión, incluso las autoridades, la violencia está instalada”.
Para la referente educativa, el problema requiere un cambio profundo: “Hay que hacer un cambio de paradigma social. Bajar un poco, pensar más y reaccionar menos. Si no, esto va a ser cada vez más una sociedad violenta”.
Respecto al bullying, sostuvo que no es un fenómeno nuevo, aunque hoy tenga mayor visibilidad: “Eso existió siempre, pero con las redes se visualiza más. Antes quedaba en un círculo pequeño”. Y subrayó la importancia del entorno familiar: “El niño transmite lo que recibe en la casa. Si se cría en un ambiente de malos tratos o discriminación, es probable que replique esas conductas”.
Finalmente, destacó el impacto del lenguaje en la formación de los jóvenes: “Una palabra mal empleada impacta en cualquiera, pero más en un niño o adolescente que está formando su personalidad”.
Lanfranchi concluyó que el abordaje debe ser colectivo: “El protocolo es amplio y trabajan muchas áreas del ministerio junto con las escuelas y las familias. Es un trabajo de todos. Como sociedad, tenemos que frenar, revisar nuestras conductas y entender que esto baja desde arriba hacia abajo”.
